Cómo armonizar la energía de tu casa con piedras y cristales

Las piedras y cristales son mucho más que objetos decorativos. Descubre sus propiedades y déjate guiar por su magia para conseguir en cada estancia justo lo que necesitas.

Cómo armonizar la energía de tu casa con piedras y cristales
Cómo armonizar la energía de tu casa con piedras y cristales

Hay elementos decorativos que, por su vistosidad, llaman más la atención que otros. Y para ello no tienen por qué ser piezas extremadamente grandes ni lujosas. Es, simplemente, que algunos ejercen sobre nosotros una atracción casi inexplicable.

Esto es lo que ha sucedido a lo largo de la historia con las gemas y los minerales, que desde tiempos inmemoriales han tenido el poder de cautivar a todo aquel que los miraba gracias a su brillo, sus colores y sus (im)perfecciones naturales.

La curiosidad que despertaban en antiguas civilizaciones hizo que muchas de ellas los utilizaran incluso con fines curativos, dotándolos de un cierto aire mágico que hoy tiene una explicación científica gracias a la física cuántica.

Y es que, como elementos naturales que son, tienen una frecuencia de vibración capaz de modificar, a su vez, la de los objetos y espacios que los rodean. Es más, los expertos aseguran que su energía es muy similar en vibración a la del campo humano.

Y esa es la base de la gemoterapia, que consiste en la aplicación corporal de gemas y cuarzos con el fin de desbloquear, alinear y activar los centros de energía (chakras) y sanar a la vez los cuatro cuerpos: energético, mental, emocional y físico.

Fernando Martínez, gemoterapeuta, afirma que esto es posible porque “los cristales son receptores, canalizadores y proyectores de energía”. Una energía que transmiten a todo lo que los rodea: ya sea el campo energético humano o el del espacio que ocupan. 

De ahí que los cristales sean unos grandes aliados para regenerar, canalizar, armonizar y purificar la energía del hogar. Y su campo áurico se va extendiendo según la fuerza del cristal o el ambiente en el que se encuentran.

Claves para integrarlos en la decoración del hogar

Primero de todo, indica el experto, “hay que entender algo universal y sencillo: los cristales te cuidan si tú los cuidas a ellos”. “Es algo así como el trato que tienes con tu jardín”, añade. Es decir, “si transmites amor y deseo personal al cristal a través de tus cuidados, se generará una energía común muy poderosa que se verá reflejada en el ambiente de tu hogar”.

Fernando Martínez asegura que “al activar un ambiente con la energía de un cristal, sus beneficios se manifiestan en el ánimo de las personas que se encuentran en ese ambiente y viceversa”. Así, si los habitantes devuelven alegría, actividad, amor y cuidados, el ambiente será cada vez “más intenso en positividad y armonía”.

Atendiendo a su forma, hay que tener en cuenta una serie de conceptos básicos como que los cristales rodados y las esferas son preferibles para repeler energías que no queremos. En cambio, las pirámides y obeliscos son ideales para canalizar la energía. Y las drusas, por su parte, son excelentes para impregnar el ambiente de la energía que desprende el cristal en cuestión. 

Aunque este tipo de elementos se pueden aplicar en el hogar con distintas funciones según sus propiedades, los beneficios pueden ser muy distintos ya que los cristales —apunta Fernando— se ponen al servicio de la persona y sus deseos. Pero es cierto que si tienes ciertos conocimiento sobre ellos y sabes cuál escoger y dónde colocarlo, será más fácil que cumplan la función que deseas.

¿Necesitas protección? ¿Paz? ¿Actividad? Piensa cuáles son tus necesidades y sigue los consejos de este gemoterapeuta para saber cómo conseguir lo que quieres a través de las piedras y los cristales. 

Sobre el autor

Jara Marín Vega

Jara Marín Vega

Periodista

Periodista freelance y amante de la literatura. Escribir y leer siempre han sido mis dos grandes pasiones. Hoy puedo decir que sobrevivo, en todos los sentidos, gracias a ambas. En mi casa nunca faltan libros ni velas. Además, me encanta tener siempre a mano un boli y una libreta, y el móvil, en silencio.

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