Tras mucho tiempo buscando una casa de pueblo en la que instalarse, una pareja de coleccionistas de arte dieron con esta maravilla del siglo XVIII. Fue todo un hallazgo, como si tras seguir las pistas de un viejo mapa das con el ansiado tesoro. No les importó su estado, se enamoraron de ella. "Estaba desfigurada por las deformaciones a las que se había sometido, pero conservaba toda su fuerza y caracter", cuenta Jacqueline Morabito, interiorista y arquitecta de interiores.

La máxima "menos es más" es la clave de la decoración, una propuesta singular que invita al descanso y al relax.


El acceso a la vivienda es una apertura a un universo en blanco donde lo viejo y lo nuevo cobran una nueva dimensión.

Desde la entrada, un universo blanco, firma de la interiorista, se impone con ligereza. Un espacio común hace de zona de día y acoge la cocina, que desemboca en el salón: un conjunto de piezas de ratán de los años cincuenta. Junto a ellos, el comedor. Aquí los propietarios reciben a sus amigos. A su lado, la escalera hacia el dormitorio, en el primer piso. Este es un ambiente en el que se respira una atmósfera monacal. Morabito quiso crear una versión contemporánea de las alcobas del siglo XVIII: la cama encastrada en un nicho con dos puertas laterales que conducen al baño y al vestidor.

El color blanco es el marco ideal para diseñar espacios sobrios que realcen las piezas únicas.


La cocina desemboca en el salón. Las piezas de ratán son de los años cuarenta. La mesa es una pieza restaurada por Morabito. Sillas de Arne Jacobsen y lámpara de Murano de los años cuarenta.

La escalera es la columna vertebral de la vivienda. Junto a ella se organizan las plantas, con un único ambiente en cada una.

La planta superior se destina al relax, con un salón a doble altura. Firmados por Morabito, dos grandes y confortables sofás invitan al descanso; en la pared, una colección de piezas del siglo XVIII se enfrenta audazmente a obras de arte contemporáneas. Aquí también encontramos el espíritu creador de Jacqueline: "el presente exalta el pasado y el pasado refuerza el presente".


El solarium es un espacio pensado para el relax, con una ducha abierta, sillas comparadas en anticuarios, textiles de Jacquelin Morabito y vistas sobre los tejados del pueblo.

En el último piso, la terraza. Para diseñarla, Morabito instaló un solárium protegido de las miradas y con vistas al pueblo. Esta es una casa que invita a un viaje espiritual.

La mezcla de lo viejo y lo nuevo cobra una dimensión especial en esta vivienda. Según Jacqueline Morabito, lo actual enaltece lo antiguo y este aporta fuerza a lo moderno. Prueba de ello son las obras de arte del salón: piezas del siglo XVIII enfrentadas a piezas de arte contemporáneo.


Estructura del siglo XVIII encontrada en la casa y restaurada por la interiorista.

Baño
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Baño

Iluminación
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Decoración
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Decoración

Más decoración
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Más decoración

Detalles
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Detalles

Más detalles
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Más detalles

Objetos restaurados
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Objetos restaurados

Reliquias
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Reliquias