El tupper llegó a España en los años sesenta, y desde entonces su uso no ha parado de crecer hasta volverse algo cotidiano tanto para transportar la comida al trabajo como para congelar las sobras. Aunque no es nada nuevo, ya que antes en España ya existían las tradicionales fiambreras de metal que llevan las familias cuando iban de excursión a la montaña o a pasar el día en la playa.

La novedad del tupper, un producto que venía de Estados Unidos, era un material hasta entonces prácticamente desconocido: el plástico, y las múltiples formas que adoptaba para guardar todo tipo de cosas. Por eso, durante muchos años, tupper ha sido sinónimo de “envase de plástico”, obviando que también los hay de vidrio. Estos son mucho más beneficiosos, no solamente para el medio ambiente y para dar un paso más hacia un modelo de residuo cero, sino también para nuestro propio organismo y la naturalidad de los productos que almacenamos en ellos. También tienen algunas pegas, como que son bastante más caros, aunque duran más, y que se pueden romper más fácilmente que los de plástico.

Sin rastro de malos olores
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Sin rastro de malos olores

En los tuppers de plástico se pueden crear microsurcos y rugosidades en las que se introduzcan restos de comida que se fermenten o pudran y que sean difíciles de limpiar. El táper de plástico terminará oliendo por culpa de compuestos como la putrescina y la cadaverina. Pero en los de cristal es imposible por la resistencia de las paredes interiores de cristal, que impiden la acumulación de restos microscópicos de alimentos y dejen malos olores crónicos. Aun así, muchos tuppers de cristal tienen su tapa de plástico y, por tanto, el problema del olor sigue vigente. Recientemente IKEA ha lanzado un tupper de vidrio con tapa de bambú, un producto 100% reciclable y natural.

Más reciclables y ecológicos
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Más reciclables y ecológicos

Aunque el plástico se pueda reciclar y reconvertir en otros objetos, lo cierto es que es un material difícilmente biodegradable. Además, los tuppers de plástico duran menos que los de cristal por su desgaste. El cristal es un material natural mientras que el plástico se fabrica a través del petróleo y otros compuestos químicos.

Se pueden calentar sin problemas
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Se pueden calentar sin problemas

Los tuppers de plástico no resisten potencias de microondas superiores a los 500 vatios, pero en los de vidrio se pueden aplicar temperaturas más altas, ideales para cocinar al horno. Los tuppers de vidrio soportan hasta 300ºC en la cocción y hasta -40ºC en congelación, no se deforman ni se estropean con el uso, ni se manchan.

Más naturales y sin toxinas
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Más naturales y sin toxinas

Uno de los peligros de los tuppers de plástico son los microplásticos, que tienen un gran impacto en el medio ambiente y la fauna, así como sobre nuestro propio organismo como explicamos en el artículo Evita los microplásticos en el té con alternativas ecológicas de Objetivo Bienestar. Y a parte de estas partículas, el plástico lleva otros compuestos artificiales que pueden ser tóxicos para nuestro cuerpo.

Aguantan productos ácidos
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Aguantan productos ácidos

Muchos alimentos tienen jugos ácidos que pueden ser muy reactivos por oxidación o reducción, y que por tanto pueden provocar alteraciones en las paredes del plástico, aunque sean microscópicas. Nada de esto sucede con los táperes de cristal.