El surrealismo más ambiguo regresa de la mano de La máquina Magritte

Una retrospectiva sobre el autor que destaca su aportación al mundo artístico y el componente repetitivo y combinatorio presentes en la obra del gran pintor surrealista, cuyos temas obsesivos marcaron su trabajo.

El surrealismo más ambiguo vuelve de mano de La máquina Magritte
El surrealismo más ambiguo vuelve de mano de La máquina Magritte

René Magritte pintando La clarividencia. Colección Charly Herscovici, Bruselas.

Cuestionar la realidad. De esta intención nace una de las figuras artísticas más representativas del surrealismo europeo. Con una infancia marcada por el fallecimiento de su madre, el pintor belga comenzó a pintar desde muy temprana edad y, tras tocar tendencias como el Cubismo, el Orfismo, el Furutismo o el Purismo, empezó a basar su estilo en las obras de Giorgio de Chirico.

Denominado realismo mágico, esta corriente marcaría tanto la obra del autor como el mundo del arte en general. Con una personalidad independiente siempre trato de diferenciarse de otros autores de su época, manteniendo sus ideas y principios artísticos por encima de modas e intereses grupales. Magritte jugaba a la manipulación de imágenes cotidianas explorando los límites de la percepción. Duplicaciones, ausencias, representaciones dentro de representaciones… marcarán la mayoría de sus cuadros.

El museo Thyssen-Bornemisza recogerá parte de esta obra, dividiéndola en siete periodos: Los poderes del mago, Imagen y palabra, Figura y fondo, Cuadro y ventana, Rostro y máscara, Mimetismo y Megalomanía. Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del museo, la muestra reúne más de 90 pinturas, fotografías y películas domésticas realizadas por el pintor, cortesía de Ludion Publishers, y se podrá visitar en el museo madrileño hasta el próximo 30 de enero de 2022.

Pasión por los contrarios

Magritte huyó durante toda su carrera del automatismo de los surrealistas del grupo de París, con una obra basada en la ironía, la subversión de los valores ópticos de la pintura tradicional y de los juegos de palabras. Su obra carece de la complejidad, el dramatismo o la apariencia trémula propia de los autores surrealistas de la época, con los que, si comparte la apariencia onírica de sus cuadros, esa fijación por la duplicidad de imágenes o imagen fragmentada, y la ironía iconoclasta.

¿Su obsesión? El encuentro de los opuestos, de realidades contrarias que se unen dando forma a extrañas paradojas: paisajes nocturnos iluminados por cielos claros con nubes, botas que tienen la apariencia de pies descalzos, pesadas rocas o bolas de metal flotando ingrávidas en el aire. Dotó al surrealismo de una carga conceptual superior a la experimentada hasta el momento poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real.

El surrealismo más ambiguo vuelve de mano de La máquina Magritte

Delirios de grandeza (1962), La llave de los campos (La Clef des champs) (1936) y La alta sociedad (1965) © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Sobre el autor

Noelia Chaves

Noelia Chaves

Periodista

Periodista. Apasionada de la fotografía, el arte, la historia y las letras en todas sus variables. Animal audiovisual, antes escribía novelas ahora escribo para la Revista Interiores.