Los usuarios de los hoteles de lujo conocen bien el servicio exquisito, el diseño cuidado, los espacios majestuosos y la decoración elegante de los alojamientos de alta gama. Probablemente, están acostumbrados a ambientes opulentos y cuidados. Pero tal vez no estén tan acostumbrados a la oscuridad, a las sombras, al juego de luces, al dominio del negro y del rojo en el espacio. A las referencias religiosas. Y esto es, entre muchas otras cosas, Sinner. Un hotel diseñado por Tristan Auer que hace sólo unas semanas ha abierto sus puertas en pleno barrio Marais y que ha llegado para sacudir los límites del diseño de lujo con todo el peso de la historia de una ciudad como París detrás.

En el Sinner, Auer ha querido desmarcarse de otros proyectos suyos como el Hotel de Crillon, el Scribe o el Hotel les Bains, y, en un ejercicio de creatividad desbordante, ha logrado salir de la norma y sentar cátedra con unos espacios que no recuerdan a nada visto anteriormente.

Pero, aunque los espacios tenebrosos son lo que, a priori, más pueden llamarnos la atención, no puede decirse que todo el Sinner sea oscuridad. Al contrario. Muchas habitaciones están salpicadas de alegres colores y los amplios ventanales con mosaicos de cristal dejan entrar la luz natural en muchos espacios reservados para la intimidad. Las luminosas y coloridas habitaciones van de la mano con el misterio y el erotismo que transmiten los pasillos y otras zonas de paso del hotel. Y esta ha sido la gran conquista de Bauer: saber yuxtaponer ambientes y colores y combinar legado religioso, glamur y misterio en un hotel único.

Para diseñar el interior del Sinner, Auer ha querido plasmar todo lo que representa y ha representado el Marais en los últimos siglos de su historia: un barrio que fue sede de templarios y de otras órdenes religiosas en la edad media, de los aristócratas parisinos, y, finalmente, la cumbre del arte, del diseño, de la moda y de la avantguarda de la capital francesa.  

El Sinner cuenta con 43 habitaciones y suites, un restaurante étnico liderado por el chef Adam Bentalha, y un lujoso spa.

Un guiño a la historia parisina
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Un guiño a la historia parisina

El pasado medieval del barrio Marais de París tiene un peso especial en el diseño y la decoración de interiores del Hotel Sinner.

El Sinner Bar, reflejo de la avantguarda
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El Sinner Bar, reflejo de la avantguarda

La creatividad, el bullicio y el glamur del Marais están representados en el bar del Sinner, que combina un espacio abierto con una atmósfera opulenta y exclusiva, donde se sirven cócteles especialmente exóticos.

Habitaciones luminosas y coloridas
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Habitaciones luminosas y coloridas

Justo lo contrario de lo que anuncian los pasillos y las zonas de paso del hotel, la mayoría de las habitaciones del Sinner transmiten pureza, frescura y amplitud.

Pasillos sinuosos de ambiente místico
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Pasillos sinuosos de ambiente místico

Las paredes rojas con los picaportes negros inspirados en los antiguos carruajes medievales invitan a los huéspedes a entrar a sus habitaciones.

El terciopelo, la madera y la terra cotta reinan como materiales principales, que se combinan con una minuciosa selección artística como decoración. Una invitación a los sentidos.

La cripta
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La cripta

El uso de candelabros y velas y la luz generada casi exclusivamente por ellas generan un ambiente misterioso que invita al silencio sepulcral.

Cambio de ambiente
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Cambio de ambiente

Abrir la puerta de la habitación significa dejar atrás el tenebrismo para entrar a la pureza y a la luz de las amplias habitaciones y suites que el hotel reserva como un tesoro.

Lounge de terciopelo rojo
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Lounge de terciopelo rojo

Otra muestra de la sensualidad y del erotismo que se respiran en el Sinner.

Comida tribal en el restaurante de Adam Benthala
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Comida tribal en el restaurante de Adam Benthala

El chef se inspiró en la comida del norte de África y del sreet food de Sud-América para preparar la exótica carta del restaurante del Sinner.

El spa del Sinner, la zona más privada del hotel
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El spa del Sinner, la zona más privada del hotel

Inspirado en los antiguos baños griegos y romanos, el spa ofrece tratamientos de alta cosmética y rituales de purificación. Un espacio lleno de aromas para zambullirse en el culto al cuerpo y olvidarse del mundo.