Skyline de la ciudad de Dubai

El mundo de la arquitectura ha vivido décadas de enfrentamiento consigo mismo, intentando ir más allá de la revolucionaria presencia de la lógica, la igualdad y la producción en serie que había promovido el Movimiento Moderno desde los años 30 del siglo XX. Esa reacción se ha mostrado a través de diversos formatos: desde el brutalismo de los 60, pasando por la racionalidad metafísica en los 70, la recuperación de “lo antiguo” en la arquitectura posmoderna de los 80, hasta llegar a los excesos formales que inauguró el deconstructivismo y que nos han acompañado hasta hoy mismo.

Esta actividad ensimismada del diseño para la arquitectura, unida a un desmedido culto a los potenciales creativos y a sus autores, nos situó en unos escenarios urbanos de patética competencia entre edificios y profesionales, generando nuevos paisajes –Dubai como paradigma- muy alejados de los valores de una auténtica ciudad. La ciudad del delirio, frente a la ciudad del equilibrio y la continuidad silenciosa. La ciudad alejada de las personas, de sus necesidades y sensibilidades, frente a la tradición del espacio urbano como hábitat por excelencia. 

Contra esa huida de la realidad, las jóvenes generaciones de arquitectos y diseñadores se han propuesto de nuevo ubicar a las personas en el primer término de la ecuación. Ese cambio de rumbo se plantea desde las propias formas de trabajo de los profesionales, anulando la individualidad como origen del proyecto y vinculándolo a un trabajo cooperativo. Y, sobre todo, a una interacción cada vez más constante con los receptores del proyecto, definiendo procesos participativos y de co-generación del proyecto.

Pero también emerge una nueva forma construida, menos deseosa de protagonismo formal y más atenta a apuntar los procesos creativos hacia la elaboración de respuestas a los cambios ambientales, sociales y tecnológicos desde una perspectiva de sobriedad y sostenibilidad general. 

El diseño se centra en la materialización de una economía del ahorro, el reciclaje y la producción renovable. Conceptos como la economía circular se convierten en los principios teóricos de una investigación aplicada al día a día de la edificación. Los nuevos componentes para la construcción de una arquitectura energéticamente autosuficiente se incorporan a la apariencia de los nuevos edificios. Las certezas que construyeron el mundo que habitamos se disuelven aceleradamente para alumbrar un entorno construido más justo con nuestra sociedad y nuestro planeta.

 

Dr. Ángel Luis Fernández

Director del Centro de Investigación en Diseño Urbano de ESNE

Grado en Diseño de Interiores

ESCUELA UNIVERSITARIA DE DISEÑO, INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA