Con el paso del tiempo, es inevitable que algunas partes de la casa, electrodomésticos y otras instalaciones se vayan envejeciendo y, a veces, dejen de funcionar. Sí, a muchos la simple idea de tener que ponerse a pensar en pesadas reparaciones, y el gasto que conllevan, les da escalofríos. Pero hay veces en las que no nos queda otra que ser sinceras con nosotras mismas y asumir que ese fregadero ya no puede estar más atascado, que esa grieta empieza a ser preocupantemente grande o que esa ventana rota ya no aguantará mucho más con cinta aislante.

En esos momentos, conviene detenerse un momento antes de coger el teléfono y marcar el temido número de algún servicio de fontanería o del electricista más cercano. Lo cierto es que muchas de estas averías más comunes, las de menor importancia, las podemos solventar en la mayoría de los casos sin ayuda de profesionales y evitarlos los costes del arreglo (que no suelen ser precisamente económicos).

Como lo oyes: guárdate esos ahorros para situaciones más críticas, como goteras u otros problemas de instalación que te escapen de las manos, ponte unos buenos guantes, hazte con una buena caja de herramientas (no hace falta que sea demasiado profesional, con algunos destornilladores, alicates y un par de herramientas más te bastará) y libera tu lado más manitas. No sólo te ahorrarás dinero, sino que conseguirás una buena dosis de autoestima cuando veas de lo que eres capaz sin ayuda de nadie. ¡Garantizado!

Fregaderos atascados
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Fregaderos atascados

  1. Comprueba si el sifón tiene suciedad acumulada. Si es así, coloca un cubo o un recipiente debajo y vacíalo.
  2. Limpia el sifón y el tapón del fregadero con un producto desengrasante.
  3. Si el problema persiste, prueba con una ventosa o un desatascador neumático: tapa el rebosadero con un tapo y ve presionando la ventosa contra el desagüe.
  4. Si esta técnica tampoco da resultado, introduce un muelle desatascador (de hasta 10 metros): introdúcelo en la boca del desagüe y ves girando para arrastrar la suciedad.
  5. Por último, puedes intentarlo también con un desatascador químico, pero es la solución menos recomendada, ya que son altamente corrosivos y no muy respetuosos con el medio ambiente.
Persianas atascadas
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Persianas atascadas

  1. Retirar la tapa del cajón de la persiana y, con un nivel, comprobar si el eje está recto (a veces se puede desnivelar).
  2. Comprueba que ninguna de las lamas esté rota. Si es así, puedes cambiarla por otra igual tirando de un lateral hasta extraerla. Una vez la tengas fuera, tan sólo es necesario que coloques una de la misma medida y color en su lugar.
  3. Si hace falta cambiar la cuerda, tendrás que retirar la tapa del cajón, soltar los cogedores de la persiana, desatornillar el eje y extraerlo. Entonces podrás soltar la cuerda del disco. Una vez hayas hecho esto, desmonta el recogedor con un destornillador para sacar la cuerda también de esa parte y coloca la cuerda nueva tal y como estaba la vieja. Entonces puedes volver a colocar el eje en su soporte y enganchar de nuevo los tirantes a las persianas. Por último, comprueba que cuando tiras de la cuerda el eje se mueve bien. Si todo está correcto, ya puedes volver a meter la cinta en el recogedor, colocarlo de vuelta en el hueco, atornillarlo y volver a poner la tapa como antes.
Cambiar un enchufe
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Cambiar un enchufe

¡No hay nada más sencillo que cambiar un interruptor! Lo más importante es que te acuerdes de cortar la luz (¡súper importante!) para que no acabes con los pelos de punta, y el resto es pan comido:

  1. Desatornilla el embellecedor del enchufe y extrae todo el mecanismo del agujero, sin estirar demasiado.
  2. Apúntate o haz una foto de la posición de los cables, para que sepas qué color va en cada orificio. Suelta todos los cables apretando la pequeña palanca que los sujeta a cada hueco.
  3. Con mucho cuidado, enrosca los hilos de cobre de la punta de los cables para que entren mejor en los orificios del nuevo enchufe.
  4. Vuelve a colocar el mecanismo en su lugar, atorníllalo, y asegúrate de que funciona correctamente.
Grifos que gotean
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Grifos que gotean

 

Si tienes un grifo monomando, lo más seguro es que sólo te haga falta cambiar el cartucho, algo que puedes encontrar fácilmente en cualquier ferretería, y que vendrá con una llave especial para desenroscarlo incluida.

  1. Con un destornillador, haz palanca sobre el pequeño tapón de plástico que cubre el tornillo que sostiene el monomando (suele estar bajo la palanca de éste). Desenróscalo, retíralo y sustitúyelo por el cartucho cerámico nuevo.
  2. Ahora ya sólo queda volver a montar el grifo, ¡y voilà!
Paredes agrietadas
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Paredes agrietadas

Para evitar que esas horrorosas grietas vuelvan a abrirse, puedes probar lo siguiente:

  1. Usa una espátula o destornillador para abrir más la grieta en forma de V, elimina la pintura que esté levantada y los restos de pared que queden sueltos.
  2. Rellena la grieta con una masilla flexible.
  3. Cuando esté seca (sigue cuidadosamente las instrucciones del fabricante) alísala con más masilla por encima y la ayuda de una espátula, de forma que cubras unos 5 centímetros más a cada lado de la brecha.
  4. Cuando se haya secado toda la masilla, lija la superficie, límpiala con un paño y píntala bien.
Cerraduras oxidadas
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Cerraduras oxidadas

Seguro que te ha pasado alguna vez: vas a entrar en casa y, al meter la llave en la cerradura, ésta se atasca, no gira, no abre y, lo peor de todo, ya no la puedes volver a sacar… Para que no vuelvas a tener sustos y tengas que llamar al cerrajero a deshoras, estos trucos te pueden ayudar:

  1. Las cerraduras se van llenando de polvo, por lo que es importante limpiar cualquier suciedad o residuos que haya. Puedes pulir ligeramente la cerradura con una lija para quitar un poco de óxido.
  2. Hazte con un buen aceite penetrante especial para cerraduras. Aplica un poco en la llave y en el interior de la cerradura, y deja que se impregnen bien, introduciendo y sacando la llave repetidas veces.
  3. Si la cerradura tiene mucho óxido (en casas antiguas de campo, por ejemplo), puedes usar un martillo y dar unos suaves golpes para romper el sello del óxido.