Muchos de nosotros contamos con calendarios de fruta y verdura de temporada colgados en la nevera de casa. Sabemos que en invierno nos toca comer verduras de raíz como zanahorias, calabazas o coles, y que en verano llegan los tomates, las sandías o los calabacines. Y que si los encontramos durante todo el año, significa que han llegado de muy lejos. Lo tenemos claro e intentamos consumir a cada época del año aquello que la tierra nos ofrece con el fin de fomentar el cultivo local, de reducir la huella de carbono de nuestra compra y de aprovechar las mejores cualidades nutricionales y organolépticas de los alimentos de temporada.

Más allá de la alimentación, ¿te habías planteado que también existen temporadas para las plantas y para las flores? Lamentablemente, en los últimos años, el fenómeno de la globalización ha desdibujado los calendarios de temporada de los productos de la tierra en nuestras mentes hasta el punto que nos resulta muy difícil saber de dónde proviene lo que nos llevamos a la boca o lo que consumimos y qué coste ambiental ha tenido su largo recorrido.

De hecho, en el día de San Jordi, más del 60% de las rosas que los catalanes se regalan ya vienen de Colombia y de Ecuador, a pesar de la tierra cuenta con rosas autóctonas. ¿El problema? Además de generar más emisiones de gases contaminantes debido a su kilométrico transporte, y al igual que los alimentos, las flores son menos frescas, ya que han sido conservadas y transportadas en cámaras frigoríficas, y están menos acostumbradas a nuestras condiciones meteorológicas, por lo que acaban marchitándose mucho antes.

En el artículo Crónica de una decohunter en Maison&Objet Paris: ¿qué viene en 2020?, te explicábamos que el amor por lo natural, por regresar a la esencia, por los materiales ecológicos y sostenibles y por incluir más inspiración en la naturaleza sigue marcando tendencia, y lo seguirá haciendo probablemente durante toda la década. Y, en esta predilección por lo natural, las flores cobran un protagonismo incuestionable: son capaces de embellecer cualquier espacio, aportando frescura y armonía, además de impactar directamente en nuestras emociones, de reducir el estrés en la oficina, o de mimarnos con deliciosas fragancias naturales.

Pero si queremos ser fieles a la verdadera conciencia ecológica de intentar reducir nuestro impacto ambiental, de poner nuestro granito de arena en la lucha contra el cambio climático y de cuidar de nuestro planeta, deberíamos dar un paso más y fijarnos de dónde proviene lo que compramos, incluidas las plantas y las flores y todo aquello a lo que a diseño de interiores se refiere.

La floristería ecológica del siglo XXI

La floristería ecológica del siglo XXI

En Interiores hemos hecho un magnífico descubrimiento que ha cambiado nuestra perspectiva sobre la compra de flores ya que reúne todos los requisitos de una floristería ecológica y sostenible del siglo XXI: hemos descubierto a Florster, una floristería online que trabaja en Barcelona exclusivamente con flores frescas, de temporada y de km 0, provenientes de los campos del Maresme, cultivadas sin pesticidas ni conservadas en neveras, y que llegan a su destinatario transportadas ni más ni menos que en bicicleta. Por lo que sabemos, es la primera y única floristería que utiliza este método de transporte ecofriendly para hacer la entrega de los pedidos, por eso su filosofía nos ha enamorado por completo.

El concepto rápido del campo hasta casa permite que las flores sean muy frescas y que, al ser de cultivo local, tengan una duración muy superior a las importadas. De hecho, de la misma forma que nos pasa a los consumidores de cestas de alimentos locales y ecológicas, que no podemos escoger qué alimentos formarán la cesta semanal ya que su composición dependerá de la producción del campo, los ramos de flores de Florster no son nunca iguales y dan salida en exclusiva a las flores de temporada, es decir, a aquellas disponibles en cada momento del año.

Además, esta joven y fresca tienda online ofrece también otro interesante valor añadido: el de grabar en vídeo la entrega para capturar toda la emoción del momento.

Por todo ello, no podemos imaginarnos un mejor concepto de floristería ecológica que realmente cuide al medio ambiente, así que, ¡chapeau, Florster! Y larga vida a las floristerías sostenibles que cuidan de verdad de nuestro planeta.