La vivienda, situada en un edificio de los años 70, no había recibido ninguna intervención y se mostraba en su estado original, con una distribución angosta y cerrada que muy pronto quedó tan solo en el recuerdo. La petición del cliente a la interiorista Meritxell Ribé fue abrir la casa para conseguir un efecto visual amplio que permitiera ganar luz natural.

 

Vista cocina y comedor

 

Gracias a los tres ventanales que dan a la fachada, esta última petición no fue complicada, sobre todo cuando se decidió que todos ellos dejaran entrar la luz a una única estancia, grande y espaciosa. Así, la cocina se abrió al salón comedor creando tres ambientes lineales distintos pero perfectamente coordinados.

 

Detalle lámpara

 

La intervención profesional incluyó también la selección de materiales, mobiliario, iluminación, complementos, textiles y audiovisuales para lograr un resultado armónico.


Contraste de texturas

 

Salón

 

Esta distribución abierta incluyó una única separación en la entrada, por aquello de no entrar directamente a la zona principal de la casa, y se planteó con un cerramiento de hierro y cristal que no resta perspectiva visual ni tampoco luz. Eso sí, con esta propuesta de separación poco convencional se buscó, que sirviera además como elemento decorativo y, en este caso, se integró perfectamente con ese estilo industrial vintage que caracteriza la selección de todas las piezas.

 

Recámara

 

Para el dormitorio, la línea que se siguió derivó más hacia toques afrancesados, en recuerdo de los años que el propietario vivió en París.