La llamada ‘La casa del Acantilado’, en Salobreña, Granada, fue lo que se podría llamar todo un reto para sus arquitectos, Jaime Bartolomé y Pablo Gil, de ‘GilBartolomé Arquitectos’. Sus propietarios, enamorados de las impresionantes vistas al mar Mediterráneo de la parcela situada en una colina con una inclinación de 42 grados, soñaban con una casa en la que siempre fuera verano, pero que mantuviera la privacidad de miradas indiscretas.

El proyecto, gestionado por ‘The Sibarist’, debía integrar esta premisa en el paisaje sin renunciar a un diseño espectacular e innovador, todo ello con un presupuesto muy ajustado. Así, la vivienda se desarrolla en dos plantas: una gran sala de estar en terrazas, siguiendo la pendiente natural de la montaña, conectada a una terraza en voladizo con piscina, y un segundo piso con habitaciones que cuentan con miradores por encima del techo.

Una casa extraordinaria

La casa, integrada en su totalidad en la orografía empinada, cuenta con una temperatura constante de 19’5º del suelo, recordando a las construcciones de las tradicionales casas cueva granadinas.

El resultado es tan impresionante que ‘La casa del Acantilado’, con una superficie construida de 250 metros cuadrados ocupados en una parcela de 725 metros cuadrados, ha sido seleccionada por la BBC como una de las casas más extraordinarias del mundo, por lo que se ha incluido en la serie documental ‘The world’s most extraordinary homes’.

Exterior curvado adaptado a la orografía
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Exterior curvado adaptado a la orografía

En el exterior de la vivienda, los espacios habitables están cubiertos por una carcasa doble curvada de hormigón armado que juega con la geometría del suelo a la vez que enmarca las vistas y que orienta los flujos de aire que vienen del mar hacia el interior. Se trata de una carcasa que se apoya en los muros de contención, separados por 14,5 metros entre sí y sin otros soportes internos, columnas o paredes.

Fotografía: Jesús Granada

Grandes espacios
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Grandes espacios

Gracias a esta distribución, el espacio principal de la casa puede convertirse en un escenario y un auditorio para 70 personas. “La forma de la casa y el techo metálico producen una ambigüedad estética calculada entre lo natural y lo artificial, entre la piel de un dragón puesta en el suelo, vista desde abajo, y las olas del mar vistas desde arriba”, explica el arquitecto Jaime Bartolomé.

Fotografía: Jesús Granada

Innovaciones técnicas
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Innovaciones técnicas

La vivienda cuenta con dos elementos complejos que funcionan gracias a las innovaciones técnicas: por una parte, el techo se produjo mediante un sistema de encofrado artesanal elaborado sobre una patente por el ingeniero Manuel Rojas, utilizando una malla metálica deformable muy eficiente.

La superficie de acabado del techo está compuesta por balanzas de zinc colocadas y fabricadas a mano a partir de la materia prima. Asimismo, la fabricación de los muebles se realiza completamente a mano a partir de modelos digitales.

Fotografía: Jesús Granada

Responsabilidad medioambiental
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Responsabilidad medioambiental

La casa es totalmente respetuosa con el medioambiente: se inserta en el suelo aprovechando la temperatura constante, asegurando un mayor ahorro energético. Asimismo, entre el interior y los muros de contención hay una cavidad de aire de 40 centímetros que se utiliza para regular la cantidad de aire a la temperatura constante que entra en la casa y cuánta ventilación necesita para controlar niveles de humedad.

La cavidad de aire, sensorizada y controlada de forma inteligente, tiene también un desbordamiento manual para cuando es necesario.

Gracias al techo curvado se consigue un aislamiento que hace que la casa no utilice ningún tipo de refrigeración o calefacción durante todo el año.

En definitiva, esta vivienda muestra que una construcción sostenible y adaptada al entorno es posible: “es un proyecto para explorar los límites entre integración paisajística y expresividad. También para demostrar que el diseño y la innovación técnica pueden lograr edificios extraordinarios con presupuestos moderados”, finaliza el arquitecto Jaime Bartolomé.

Fotografía: Jesús Granada