La cerámica, los textiles, la madera, el metal, la piel, el vidrio, las fibras naturales, la piedra… muy diversas facetas que, reunidas, demuestran que la artesanía está muy viva en nuestro país. Y, en muchos casos, aún más lejos de nuestras fronteras.

¿Necesitan ejemplos? Mantas de mohair por las que suspiran Hermès o Armani Home; porcelanas pintadas a mano que, con la complicidad de Jasper Morrison, toman el London Design Festival; muebles de mimbre, caña o ratán – proyectados por talentos de la talla de Miguel Milà o Jaime Hayón– que ejercen de embajadores del estilo de vida mediterráneo a lo largo y ancho del planeta; mármoles con denominación de origen que despiertan de su sueño pétreo para ornamentar de nuevo el mundo…

A aquel que trabaja con sus manos, se le denomina obrero manual; quien lo hace sumando a las manos la cabeza es un artesano; y, por último, el  que trabaja con manos, cabeza y corazón, es un artista. Manos delicadas y fuertes, siempre hábiles, expertas en suscitar sentimientos a través de piezas únicas, obras maestras del diseño popular a las que no hacen falta apellidos ni pedigrí para convertirse en arte.

Nuestro propósito es hacer justicia. Subrayas el valor y la riqueza de nuestra artesanía.

Más allá del admirable desarrollo de una habilidad y una técnica, la artesanía supone una idea de trabajo –tan digno que realiza– que antepone el orgullo profesional a cualquier otra retribución. Un orgullo contagioso, además, como querrían expresar estas líneas. Sirvan de aplauso a maestros y aprendices de estos oficios casi olvidados, que se resisten a desaparecer y se actualizan mirando más hacía adelante que atrás.

Releguemos a un segundo plano palabras como ‘tradición’ o ‘folclore’ para, de las manos de nuestros artesanos, reformular la noción de lujo, que hoy pasa indudablemente por su unicidad y excelencia, y nos reconecta con valores absolutos, como la autenticidad, la experiencia, la pausa o la responsabilidad social. No haremos una lista porque consumiríamos los dos mil y pico caracteres de este texto y siempre se nos quedaría algún nombre en la cabeza.

Y nuestro propósito es hacer justicia. De norte a sur y de este a oeste, archipiélagos incluidos. Subrayar el valor y la riqueza de nuestra artesanía. El poder de sus manos, que gira entorno a estos tres pilares básicos:

Tradición: El respeto a un saber añadido, técnico y creativo, transmitido de generación en generación es uno de los pilares en los que descansa toda artesanía.

Innovación: Pero siempre con la certeza de que el pasado nunca es sino un prólogo, y que es necesario adaptarse a cada tiempo y sus demandas.

Hoy: Se presenta con guiños no solo hacía los consumidores, sino también a su contexto histórico.

Como ayer: Pero su esencia continúa inalterable tras siglos: experiencia, habilidad, excelencia, orgullo y compromiso con la comunidad.

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