En la urbanización Son Puig de Palma de Mallorca, muy cerca de la capital mallorquina, se encuentra una vivienda unifamiliar aislada y con piscina, diseñada por el arquitecto Jaime Salvá junto al arquitecto técnico Iñaki Fernández y la empresa Blanc i Blanc como constructora.

Con una parcela de 458 metros cuadrados que hace esquina y con una pendiente muy pronunciada que permite situar el sótano a nivel de la acera y de acceso a la vivienda, este proyecto, de nueva creación, se ha llevado a cabo con un estilo predominante mediterráneo.

Geometría limpia y juegos volumétricos

Uno de los principales objetivos del arquitecto Salvá durante el proceso de diseño de esta vivienda fue el de crear una geometría limpia, pero con quiebros, para así poder formar un juego volumétrico que consiguiera visuales diferentes desde los distintos lados de la vivienda desde donde se mirara. Se tuvo en cuenta el hecho, sobre todo, de que la vivienda quedaría expuesta en sus dos fachadas que dan a la calle, cada una de ellas a diferentes cotas de nivel.

Además, y a partir de este mismo juego volumétrico, se generan unas sombras en el conjunto de la vivienda que van cambiando a lo largo del día según la posición solar, logrando una sensación de dinamismo constante.

Esta volumetría también es el resultado de la distribución del interior de la vivienda, donde las estancias principales están orientadas al sur y los huecos en fachadas, colocados de manera estratégica, se han ubicado para conseguir mejores vistas y mayor luz natural desde el interior de la vivienda, así como para obtener una ventilación cruzada que permita mejorar la eficiencia energética. Mediante esta ventilación, se consigue que durante gran parte del año pueda funcionar con el mínimo gasto energético, al no ser necesario usar sistemas de climatización.

Amplitud de los espacios
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Amplitud de los espacios

Para la distribución de la planta baja, uno de los principales objetivos logrados es una gran amplitud de los espacios, obteniendo luz natural desde las cuatro orientaciones y controlando los accesos desde cualquier punto de la planta, pero logrando, a su vez, que cada estancia tenga su propia independencia y se distinga claramente de las demás.

Lamas multifuncionales
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Lamas multifuncionales

También en esta planta, unas lamas verticales de madera independizan el núcleo vertical de la escalera a la vez que actúan como barandillas. Así, no solo cumplen la función de protección anti caídas (como marca la normativa), sino que también se convierten en un elemento de decoración que permite el paso de la luz y las vistas, otorgando también privacidad al área del salón.

Homogeneidad en los espacios
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Homogeneidad en los espacios

Los materiales utilizados para dar una homogeneidad al conjunto del interiorismo han sido pocos y, en todo momento, neutros, cálidos y naturales. Algunos ejemplos son la madera de roble, la piedra natural gris balear o el muro de piedra seca de Santanyí, una piedra natural de mampostería de la zona, que penetra desde el exterior al interior del salón comedor, pasando por la cocina.

Cocina
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Cocina

Justamente la cocina es una de las protagonistas de la planta baja. Diseñada en blanco para continuar con la idea de neutralidad, son cada uno de los elementos los que aportan toques de color a la estancia. Se trata de una zona totalmente conectada con el comedor exterior, que se encuentra protegido por un porche conseguido por un gran voladizo que genera la superficie de la habitación principal, ubicada en la primera planta. La ausencia de pilares estructurales permite que la conexión entre interior, terraza exterior y el jardín sea todavía mayor.

Los propios propietarios de la vivienda han sido los encargados de amueblarla prestando atención a cada detalle y continuando con la gama de colores neutros en el mobiliario, como por ejemplo en la gran mesa de madera que se encuentra en el salón-comedor.