Belén Uriel, Weezde, 2021. Vidrio

“Un verde que ningún artista podría jamás obtener en su paleta, un verde del cual ni los variados tintes de la vegetación ni los tonos del más limpio mar podrían nunca producir igual. Si hay un verde en el Paraíso, no puede ser salvo este tono, que muy seguramente es el verdadero verde de la esperanza”, así definía Julio Verne a este rayo verde que daba nombre a la novela homónima del escritor.

Un color que cautiva, que embelesa y que se produce cuando el disco solar se esconde debajo de una superficie muy llana, como puede ser el mar, provocando que sus últimos rayos se reflejen en la baja atmósfera de tal manera que, al observarlo, sólo llegan hasta nuestros ojos colores amarillos y verdes de un tono exquisito.

Es el nombre de esta novela romántica el elegido por la artista Belén Uriel para designar, a modo de metáfora, la muestra que estará presente durante las próximas semanas y hasta el 13 de noviembre en la galería The Ryder de Madrid. Uriel presenta un cuerpo de trabajo que mira de frente a la idealización de la naturaleza y a la forma en que es producida y comercializada.

La obra de Verne y el fenómeno óptico que dan nombre a esta exposición actúan a su vez como hilo conceptual entre las diferentes piezas acercándonos a una naturaleza atrapada, capturada y expuesta, convertida en escenario. Una sátira sobre la sociedad de consumo y como esta aísla y delimita nuestro cuerpo, para mediar en la relación de este con el entorno y nos convierte en prisioneros.

Rayo verde invita al espectador a realizar un recorrido empático por un bosque de esculturas que repiensan conceptos como la vulnerabilidad de su cuerpo, el uso violento de la anatomía, la mediación del ocio y la conceptualización de lo natural.

Una serie de objetos entre los que encontramos cascos, protecciones u objetos de mobiliario exterior, creados para “controlar” en su relación con el entorno. Un ecosistema creado en bronce, hierro o vidrio y en el que todas las piezas han sido producidas por la artista en su taller en un diálogo entre la autora y los materiales. Piezas robustas pero que a su vez muestran cierta fragilidad, abandonando la producción en serie y buscando la belleza única de cada objeto.

Un viaje donde los objetos nos hablan y nos narran una historia con la que empatizar en un recorrido de esculturas que nos conectan con la naturaleza y replantean conceptos como la vulnerabilidad del cuerpo, el uso violento de la anatomía, la mediación del ocio o la conceptualización de lo natural. Un trabajo íntegro y coherente lleno de sensualidad, donde predominan los mágicos verdes en una naturaleza idealizada.

4

Belén Uriel, Parapaná, 2021. Glass and metal