El que más y el que menos, todos hemos probado en alguna ocasión un baño turco. Una experiencia inolvidable es, desde luego, el paso por el hammam Cemberlitas, en Estambul. Llamado así, baño turco, por su origen (nació en Asia Occidental), surgió como espacio público en el que mantener relaciones sociales en un entorno relajante. El hamman es un baño de vapor que relaja tanto cuerpo como mente, además, ayuda a eliminar toxinas, mejora la circulación y reduce el estrés y el cansancio.

Su atractivo es tal que, en las últimas fechas, los “hammames” están empezando a superar las barreras de los espacios públicos (casi todas las ciudades importantes cuentan con el suyo) para introducirse en las viviendas privadas.

Si quieres tener el tuyo propio, ¿qué mejor momento de ponerte manos a la obra que en estas fechas, convirtiéndolo en el refugio donde desconectar y olvidarte del frío?

José Miguel Simón, interiorista y director de Iconno, nos da unos consejos para conseguirlo fácilmente en tan solo cuatro pasos.

La cabina
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La cabina

El primer paso, sin duda, elegir la cabina idónea. Puede estar totalmente aislada o adosada a una pared, pero debe llegar hasta el techo, dejando una rendija inferior que permita la entrada de aire fresco (será el que forme el vapor blanco), estar diseñada en vidrio templado de no menos de 6 mm de grosor, y contar con una puerta que se abra hacia afuera (esta apertura es fundamental para tu comodidad y contar con más espacio). Además, cuanto más transparente sea (reduce los perfiles metálicos todo lo posible), la sensación de estar en una nube en medio del baño será mayor. El modelo Bilico, de antoniolupi, es una muy buena opción.

Un consejo: inclina el techo para que el vapor de agua no caiga sobre ti cuando estés disfrutando de tu momento de relajación.

El vapor
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El vapor

Esencial en este caso y sencillo de conseguir. Cada vez son más las firmas que ofrecen generadores de vapor domésticos. Effe es una de las más destacadas. Recuerda que el generador necesitará una toma de corriente, además de la toma de agua y el desagüe.

La luz
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La luz

Si quieres que la relajación sea absoluta, elige unas luces cálidas o, fiel a las indicaciones de la cromoterapia, inclínate por opciones con cambio de color. Recuerda que los colores más relajantes son el azul, el verde, el lila, todos ellos en un tono claro, casi pastel.

El mobiliario
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El mobiliario

La madera es el símbolo de la calidez por antonomasia. En este caso, por tanto, se convierte en el material estrella. Elige en madera el imprescindible banco, pero también los muebles de apoyo, el toallero, etc. Y, por qué no, para aumentar todavía más esa sensación de confort, incluye en tu baño una chimenea. A mí, personalmente, me fascina el modelo Drago, de antoniolupi. Para mantener una temperatura agradable al salir del hammam también puedes optar por unos radiadores en tonos cálidos, como el modelo Kubik de la marca Tubes, en bronce.

Listo. ¿Preparada para desconectar?