Ropa de cama para dormir a pierna suelta y más fresquita este verano

El buen tiempo pide a gritos encimeras, bajeras, colchas y fundas en tejidos naturales y ligeros, colores neutros y pinceladas en tonos veraniegos que no dan calor y visten tu cama con estilo. ¡Es hora de cambiar las sábanas!

ropa de cama 1a
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No podemos luchar contra el termómetro, pero sí podemos vestir la cama para que no solo no dé calor extra sino resulte agradable meterse dentro. Para ello, guarda (bien guardadas) las sábanas de felpa y las colchas oscuras y pesadas y alíate con los colores y los tejidos más refrescantes, que te ayudarán a dormir mejor en las noches más calurosas. 

Por cierto, hacerla como la de un hotel de cinco estrellas, engaña también al termómetro. Para ello, es importante que coloques y estires bien la sábana bajera, para que no se salga y se enrolle en tu cuerpo y hagas lo mismo con la encimera, para que quede igual por todos los lados. Para lograrlo, deja tres palmos para el embozo, dobla las esquinas para que no asomen los pies, forma un ángulo de 45º con la sábana encimera, mete todo el lateral y haz lo mismo por el otro lado. 

La limpieza también es un factor a tener en cuenta porque ¿qué puede ser mejor que acostarse en sábanas frescas y limpias? Si pasamos más de un tercio de nuestra vida en la cama, es necesario que esté limpia, para que no solo durmamos bien, sino también libre de ácaros y bacterias. Su lavado depende de tu estilo de vida y de la época del año. En verano es recomendable hacerlo, al menos, una vez a la semana, incluso, debido al covid, cada tres días. Mejor en agua caliente, entre 40 y 60º que en frío y con un ciclo de lavado relativamente largo (más de 30 minutos). 

Sobre el autor

Lola Marquez

Lola Márquez

Periodista

Llegué al mundo de la decoración y el diseño de casualidad y me quedé para siempre. Y, a pesar de que han transcurrido muchos, muchos años (como en los cuentos), sigo viendo, leyendo y, por supuesto, escribiendo con la misma ilusión y las mismas ganas. He tenido etapas, como todas, he cambiado de estilo y he sustituido en mi corazón ‘deco’ los suelos de madera por el papel pintado, aunque sigo guardando un lugar especial para un buen sofá: será cosa de la horizontalidad. También he comprobado que el amor verdadero por la decoración se pega y se transmite de generación en generación. Para comprobarlo, basta con ver las habitaciones de mis hijas y recordar el recibidor de mi infancia.