La isla íntima

Bienvenidos a un paraíso privado balear, camuflado entre la naturaleza ibicenca, que se ha convertido en el refugio veraniego de una complacida familia holandesa pero muy del sur

Reforma Ibiza Henk Teunissen
Reforma Ibiza Henk Teunissen

Después de explorar verano tras verano el Mediterráneo en busca del perfecto refugio vacacional, Henk Teunissen, dueño de Rivièra Maison (firma llegada a España de la mano de Maite Guerra, de Home Design International) acabó dando con la casa de sus sueños en el archipiélago balear: una edificación típica ibicenca –que data de los años sesenta– en una gran finca con solera.

Su privilegiada ubicación en plena naturaleza, circundada de olivos y enebros, palmeras, mirtos y adelfas, y el hecho de que estuviera concebida para ser vivida tanto en su interior como hacia el exterior (con la piscina como centro neurálgico de un frondoso jardín autóctono) les decidió a lanzarse a su aventura española.

Arquitectos e interioristas trabajaron codo con codo en la reforma y decoración de la villa, que recayó en Rivièra Maison. Todos los materiales utilizados en la obra son originales de las islas pitiusas: piedra natural en paredes y suelos; madera de sabina en vigas del techo y pilares del porche; cantos rodados para pavimentar baños y patio; tejas y ladrillos de barro cocido, tanto en el edificio principal como en la galería aledaña y, para completar la sensación de apego a la tierra sobre la que se levanta, estuco en un suave color arena en las paredes, dentro y fuera.

En lo que al interiorismo se refiere, y sobre la base del amplio catálogo de Rivièra Maison, se apostó por un estilo entre lo rústico y lo exótico, una “mezcla ecléctica de influencias del sur, que integra también recuerdos familiares y/o de viajes en forma de muebles y objetos decorativos”.

Maderas en bruto, mimbre, esparto, algodones y linos… La artesanía se erige en protagonista absoluta en este remanso de sol, encanto y paz. Oscar Wilde, exper to en el a r te de bienvivir, dejó escrito en alguna parte que el paraíso es una tiranía, pero que uno se siente en él como en casa. Nuestros protagonistas lo suscriben, con una franca sonrisa en la boca, desde las tumbonas que rodean la piscina.

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