Jarrones: el último objeto de deseo ‘deco’

Las flores dan el toque de color y frescura que necesita la decoración de tu casa, pero ellos son el estilo personificado, el accesorio capaz de transformar un rincón en un lugar único, vestir la mesa de comedor o hacer que la de centro sea el punto focal de la estancia.

jarrones 1a
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De objetos secundarios a accesorios imprescindibles. Contar con un jarrón especial es un síntoma de que tu radar ‘deco’ funciona bien, ya que son parte de la decoración de interiores actual. Modernos, clásicos, estilizados o con sugerentes formas curvas se adaptan a cada estilo, aportando siempre su toque. Realzan la mesa de comedor, aportan magia a un rincón, completan el ‘look’ de una mesita auxiliar y todo ello sin perder su esencia: dar una pincelada de optimismo y color. Para que todo funcione, jarrones y flores deben ser una pareja perfecta. Es decir, ir en sintonía de manera que ante un arreglo floral barroco nada mejor que un acompañante simple y al revés, ante un ramo minimalista, su partenaire puede ser el centro de atención. Cerámicos, metálicos y de cristal, se pintan de colores o de efectos, aunque los transparentes o los de tonalidades blancas actúan como comodines y pueden dar mucho juego en cualquier situación.

Eso sí, para que su poder sea total las flores siempre deben estar perfectas. Si quieres que duren bonitas hasta 3 o 4 semanas, desde Interflora nos dan estos consejos:

  1. Cambia el agua del florero cada 2 días y añade un poco de azúcar (¡has leído bien!). 
  2. Córtales el tallo 1 cm cada tres o cuatro días para que absorban mejor el agua, ya que el poro tiende a taponarse con el paso de los días y no deja que pase.
  3. Evita ponerlas en corrientes de aire pronunciadas.
  4. No las expongas al sol directamente, especialmente en verano.

Sobre el autor

Lola Marquez

Lola Márquez

Periodista

Llegué al mundo de la decoración y el diseño de casualidad y me quedé para siempre. Y, a pesar de que han transcurrido muchos, muchos años (como en los cuentos), sigo viendo, leyendo y, por supuesto, escribiendo con la misma ilusión y las mismas ganas. He tenido etapas, como todas, he cambiado de estilo y he sustituido en mi corazón ‘deco’ los suelos de madera por el papel pintado, aunque sigo guardando un lugar especial para un buen sofá: será cosa de la horizontalidad. También he comprobado que el amor verdadero por la decoración se pega y se transmite de generación en generación. Para comprobarlo, basta con ver las habitaciones de mis hijas y recordar el recibidor de mi infancia.