Reino individual

Un chalet unipersonal cortado a la medida de su dueño se convierte en toda una lección de servicio al cliente. Inteligencia, pericia, sobriedad y elegancia a partes iguales dan forma a una vivienda que disfrutar a diario.

El caso del propietario de este chalet a las afueras de la capital madrileña bien podría parecer insólito de no tener en cuenta la evolución de los hogares españoles en los últimos años: una persona sola que se muda a una amplia vivienda –planteada en origen para una familia tradicional– y decide reformarla con el objetivo de adaptarla a su singularidad y necesidades. Claro que los datos oficiales demuestran que los hogares unipersonales representan ya uno de cada cuatro en nuestro país (y siguen creciendo a un ritmo más que notable).

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Sea como sea, para poblar su individualidad en su nuevo refugio, nuestro protagonista recurrió a la decoradora gallega Estefanía Carrero y su estudio. La idea central de partida fue “intentar mantener la casa muy abierta al jardín porque le da mucha profundidad a la vivienda al girar toda en torno al mismo: todas las estancias dan al exterior y tienen el verde muy presente”, y la simetría como fórmula para ordenar los espacios es el modo de conseguirlo.

El principal reto del proyecto, ya que lo marcó decisivamente, tuvo que ver con “los pilares redondos –de un diámetro bastante considerable– que se encuentran repartidos por toda la casa. Camuflamos muchos de ellos entre muros, pero decidimos convertir en librerías los que estaban en el centro del salón para aprovechar el espacio y justificarlos. Los utilizamos para marcar los ejes principales del mismo y para ordenarlo. Y a partir de ahí desarrollamos la distribución general de la vivienda”.

En lo que a los materiales se refiere, las maderas lacadas, el espejo (utilizado estratégicamente para crear efectos visuales), el mármol negro Marquina, los suelos de tarima de roble teñida en el mismo color, las palillerías de hierro, también negro, y las chapas, utilizadas sobre todo en el salón, son marcas de fábrica de Carrero y su estudio. Y para el amueblamiento, “pocas piezas, pero rotundas”, como el sofá curvo de cuatro metros tapizado en lana del salón. Una decoración “limpia” que envejece adecuadamente y se adaptada a las necesidades del propietario. ¿Qué más se puede pedir?

 

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