De alma urbana

Una reforma tras otra acabaron con la esencia de esta vivienda ubicada en un maravilloso edificio del siglo XIX. La interiorista Natalia Popova le devolvió personalidad con un juego de contrastes cromáticos y una amalgama de piezas de diversa factura y procedencia

casa natalia popova 1
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  • Texto: Texto: Carlota Iranzo | Imágenes: Mikhail Stepanov

Ochenta metros cuadrados dan para mucho cuando uno desea vivir en el centro de la ciudad, sobre todo en el barrio que te ha visto crecer y en el que tienes a tus amigos. La familia propietaria de esta vivienda se ena moró del edificio, construido a finales del siglo XIX, y lo compraron casi de inmediato. «Se agolpaban recuerdos e ilusiones de la infancia y una edificación que valía la pena», comentan. Sin embargo, la distribución de la casa necesitaba de muchos cambios y acudieron a la diseñadora de interiores Natalia Popova.

«Se habían eliminado las molduras de los techos, el suelo de madera, las chimeneas de mármol… no quedaba nada de origen. Y la distribución era estrecha y complicada», asegura la interiorista. Lejos de desanimarse, vio todas las posibilidades de tener siete grandes ventanas y estudió la opción de diseñar dos dormitorios independientes, una zona de estar, el baño y un aseo de cortesía. Como resultado, el salón acabó compartiendo espacio con el comedor e incluyendo, en una esquina, el espacio de trabajo de los adultos de la casa. La cocina es una estancia a la que se accede desde el recibidor, pero también desde el salón.

Lo mismo ocurre con el baño principal, con entrada desde el recibidor y desde uno de los dormitorios. En materia de decoración, Natalia Popova apostó por una paleta bitonal: blanco y antracina, inspirándose en los apartamentos parisinos, con esos juegos de contrastes del claroscuros característicos que siempre ha adorado. Este es un dúo cromático que se mantiene en toda la casa, a excepción de uno de los muros del comedor y el papel pintado que viste la paredes del dormitorio infantil. Por otro lado, al no haberse conservado las molduras de los techos, la interiorista se decantó por hacer unas nuevas de yeso en el salón, pa ra da rle mayor presta ncia.

También eligió suelos geométricos para el suelo del baño, la cocina y el hall inspirados en el trabajo de David Hicks. Y se decantó por notas brillantes a partir del arte: un cuadro redondo y rosa en el comedor, que ofrece un maravilloso contraste; y paisaje gris y amarillo en el salón… e instaló muebles comprados a través de los años: «Algunas cosas ya las tenía compradas pero estaban esperando su lugar en una casa, otras las compré especialmente para este proyecto», asegura la interiorista. Otros muchos proceden de sus viajes por el mundo, anticuarios, etc. Todos ayudaron a crear una atmósfera con una historia que contar, la que Natalia quería: la de una familia con pasión por el diseño, las piezas clásicas y los espacios con encanto.

Sobre el autor

Texto: Carlota Iranzo | Imágenes: Mikhail Stepanov

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