Realización Andrés Rubín de Celis

Karim Rashid nació en El Cairo en 1959. Mitad egipcio, mitad británico, ha vivido y/o estudiado en Canadá, Italia o Estados Unidos, y dice pasar exactamente la mitad del año viajando, por ello encarna mejor que nadie el espíritu global.

Sigue igual de apasionado, colorista y radical que siempre, quizá en lo único que cambie es en que cada vez está más lúcido. Charlamos con él coincidiendo con el lanzamiento de su nueva colección para BoConcept.

 

Siempre has defendido una visión del diseño entendido como herramienta para mejorar la vida de las personas, pero ¿cómo se consigue? 

El diseño tiene que ver con trabajar la contemporaneidad en busca de dar forma a las experiencias humanas que el futuro trae ya. Tiene que ver con el progreso, con evolucionar, con llevar más allá la capacidad y el espíritu humanos. Con mi trabajo deseo contribuir a que la gente viva de acuerdo a su tiempo –nuestro tiempo–, interactuando con sus retos y consecuciones; y también liberarles de la nostalgia, de tradiciones anticuadas y rituales obsoletos, de ciertos paradigmas que han perdido su significado y son más que puro kitsch…

 

Por eso tu filosofía creativa pone el acento en cargar de verdadero sentido hasta el más aparentemente trivial y cotidiano de tus diseños…

Yo solo me rodeo de objetos que sean útiles y le aporten satisfacción a mi vida. Vivo felizmente en una monástica caja blanca llena de piezas coloridas; una auténtica lección de minimalismo. La idea es: si uno introduce un nuevo objeto en su vida, que le aporte sentido. Reemplazando los de concepción y factura pobres y anticuadas por otros sostenibles, ergonómicos, bien hechos, seductores, reducimos considerablemente el estrés que la rutina y el ambiente nos provocan. Todos deberíamos sustituir al menos tres piezas inoperantes de nuestra vida por una completamente satisfactoria para, en primer lugar, tratar de controlar el hiperconsumo y, en segundo, apostar por relaciones más plenas y maduras con los objetos y las marcas.

Colección Chelsea de Karim Rashid

La colección Chelsea para la editora danesa BoConcept, una oda a las curvas sinuosas, bautizada en honor a su barrio neoyorquino.

¿Dónde buscas la inspiración en esa difícil tarea?

Creo que la inspiración –igual que la innovación– va de la mano de las limitaciones: cuando uno cuenta con muchos recursos –económicos, de conocimiento, técnicos, etc.–, no suele darle demasiadas vueltas a las cosas ni se pone a experimentar. Y, de hecho, los resultados más creativos a menudo se consiguen con presupuestos ajustados. Muchos creen que al sector lo mueven tenias muy superficiales, cuando en realidad es la tecnología la que nos empuja. Y no solo hablo del diseño industrial, también en el interiorismo, incluso en la arquitectura. Los nuevos materiales, métodos de producción y la digitalidad están dando lugar a una nueva estética que hibrida lo físico y lo virtual y redefine la noción de lujo, asociándolo a la calma, la simplificación y la personalización.

 

Desde la última vez que nos vimos te has prodigado en proyectos de interiores y constructivos. ¿Qué diferencias hay entre concebir una lámpara o un sofá y la habitación de un hotel o un condominio?

El primer proyecto de interiorismo que firmé y se llevó a cabo fue un restaurante para Morimoto, el Iron Chef, en Filadelfia, en 2001. Tuvo muchísimos premios. Y he seguido proyectando interiores y hasta edificios, a pesar de lo cual, casi veinte años después, sigo siendo para la mayoría un diseñador industrial. Cuando proyecto un interior, pienso en la experiencia humana a nivel antropomórfico antes que en la arquitectura del mismo o su estilo visual. Busco, ante todo, maximizar el disfrute humano del espacio. Y creo que traslado el aguijón de la innovación del diseño de producto, si no en lo que a métodos constructivos se refiere, sí en materiales y acabados, por ejemplo. Dicho lo cual, yo siempre trato de crear desde una perspectiva holística, original e inspiradora, trabaje en la disciplina en la que trabaje.

 

¿Y qué nos cuentas de tu nueva colección para BoConcept, Chelsea?

Resume a la perfección la narrativa de formas orgánicas fluidas que he desarrollado como diseñador: he tratado siempre de acabar con las superficies duras, con las líneas y ángulos rectos, para ofrecer un confort visual y táctil que produzca una instantánea sensación de paz. He llamado Chelsea a la colección como homenaje al barrio en el que vivo desde hace ya 20 años, y también porque me han inspirado sus apartamentos. Adoro trabajar con BoConcept, una compañía que comparte mi objetivo final, que no es otro que el de provocar emociones.

Torre soñada de Karim Rashid

Torre soñada. Render de uno de los prototipos de rascacielos de Karim Rashid aún no construidos.