El color siempre ha guardado una importante conexión con nuestras emociones y nuestro estado de ánimo. Tanto es así que antiguas civilizaciones, conscientes de su influencia en nuestra salud psicológica y su energía para despertar ciertas pasiones, ya lo utilizaban con fines curativos. Una práctica que ha seguido evolucionando hasta convertirse en lo que hoy en día conocemos como cromoterapia, una terapia alternativa y complementaria que sostiene que los colores son útiles para sanar problemas como el estrés, la ansiedad o la depresión.

Si bien es cierto que algunos colores nos influyen de forma biológica, como en el caso del verde, que automáticamente nos traslada a la naturaleza, hay otras asociaciones que se crean en el subconsciente en función del entorno cultural. Por ejemplo, en muchos países el negro se relaciona con el luto y la muerte mientras que, en otros, estas mismas connotaciones están ligadas al blanco. 

Sin embargo, independientemente de cuál sea su efecto, es evidente que los colores avivan en nosotros determinados sentimientos. Así pues, teniendo en cuenta su poder para relajar, excitar o equilibrar nuestras emociones, no es de extrañar que el color juegue también un papel fundamental en el diseño de interiores.

 

Principios básicos de psicología del color

Además de sus propiedades visibles y no visibles, según explica Alejandro López, especialista en Diseño de Interiores y Dirección Artística de Alo Creativo, “existen unos principios básicos de psicología del color que ayudan a interpretar los espacios” hasta el punto de que “son los propios espacios los que demandan un determinado tipo de color”.

Por ejemplo, atendiendo a la temperatura, las zonas cálidas serán más dadas a incorporar tonos como blancos, azules y verdosos, con la idea de transmitir frescura, armonía y, por tanto, sensación de calma. Por el contrario, en las zonas más frías, el uso de colores cálidos hará el espacio más cómodo y confortable. 

Mantener el equilibrio de colores en el hogar es esencial para nuestro bienestar interior. Esto, apunta López, “no significa que tengan que usarse todos los colores a la vez ni en su misma medida, sino que hay que estudiar qué colores utilizar y en qué proporción”.

Para Alejandro, el blanco es un buen hilo conductor en cualquier proyecto puesto que, al albergar todos los colores en su espectro, es un nexo de unión entre los cálidos y los fríos. Además, siempre aporta sensación de bienestar y pureza.

En general, los colores cálidos (rojos, naranjas y amarillos) están relacionados con un estado de ánimo más estimulante, equilibrado y dinámico. Biológicamente, influyen en nuestra mente de la misma forma que lo hace la luz del sol al amanecer y al atardecer. Momentos del día en los que nuestro estado físico y mental está mucho más relajado. De ahí que sean colores ideales para estancias destinadas al descanso, apunta Alo Creativo.

 

Cada color tiene unas propiedades sanadoras propias e influye en nuestro estado emocional de una forma concreta.

 

Todo lo contrario ocurre con los tonos fríos (azul, morado y añil), que aportan tranquilidad, serenidad y calma. Tanta que una sobreexposición a estas gamas cromáticas puede generar sentimientos de tristeza, melancolía e inapetencia.

El verde, por su parte, está asociado a la salud física y mental. Por esta razón, su uso está tan extendido en clínicas y hospitales. Puesto que es el único color del espectro electromagnético que consigue relajar los nervios oculares de forma natural, en el hogar, es perfecto para zonas de estudio como despachos, bibliotecas o salas de lectura. 

Aparte de estas líneas generales, cada color tiene unas propiedades sanadoras propias e influye en nuestro estado emocional de una forma concreta. A continuación, te mostramos cómo puede ayudarte a encontrar el equilibrio cada uno de ellos.

Blanco, pureza y paz
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Blanco, pureza y paz

El blanco es el color de la pureza, la alegría, la paz y la energía positiva. Aporta calma  y serenidad, lo que lo convierte en el color más favorable para expandir tu mente y evadirte de la cotidianidad.

Negro, elegancia y misterio
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Negro, elegancia y misterio

El negro es el color al que se asocian más características negativas como el dolor, la tristeza y la infelicidad. No obstante, es un color elegante y sensual que simboliza el misterio. Eso le confiere grandes propiedades para aumentar tu autoconfianza y la seguridad en ti mismo

Verde, equilibrio y armonía
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Verde, equilibrio y armonía

El verde tiene la habilidad de generar armonía. Relacionado con la estabilidad emocional y el equilibrio, es un color que se utiliza como sedante, puesto que tiene la capacidad biológica de tranquilizarnos tanto a nivel mental como físico. Además, aumenta las defensas del cuerpo y estimula el crecimiento.

Azul, claridad y serenidad
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Azul, claridad y serenidad

El azul pertenece a la gama de los colores fríos e inspira relajación, claridad y serenidad. Por este motivo, es un color muy recomendado para tratar problemas de estrés, ansiedad o insomnio, pues ayuda a conciliar el sueño y a encontrar la paz.

Rojo, acción y pasión
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Rojo, acción y pasión

El color rojo ejerce una fuerte influencia sobre el estado de ánimo de una manera positiva. En cromoterapia, ayuda a activar la energía, mejora la presión arterial y aumenta el pulso y el ritmo cardiaco. Así pues, es ideal para hacer frente a estados emocionales bajos.

Amarillo, inteligencia y creatividad
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Amarillo, inteligencia y creatividad

El amarillo se asocia a la inteligencia, la rapidez mental y la creatividad. Favorece la claridad en el logro de objetivos y brinda serenidad en la toma de decisiones. Es, además, un antidepresivo excelente. Eso sí, en su justa medida, ya que, en su vertiente negativa, puede provocar irritabilidad.

Naranja, optimismo y confianza
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Naranja, optimismo y confianza

El naranja es un color desinhibido que ayuda a desarrollar la personalidad. Aumenta el optimismo y la confianza, dando lugar al equilibrio emocional. Esto hace que sea un color fantástico para fortalecer la autoestima.