Ubicada en la calle Muntaner de Barcelona, sus propietarios se enamoraron de sus posibilidades y su situación. Era una finca antigua, pero con una estructura (muy especial) que permitía soluciones arquitectónicas y decorativas que la transformarían por completo. Para lograrlo contactaron con Meritxell Ribé y Josep Puigdomènech, fundadores de The Room Studio, quienes apostaron por comunicar espacios, potenciar la luz exterior en el interior y crear áreas homogéneas con mucha personalidad. También se decantaron por mantener algunos elementos originales que aportaban entidad a la finca, como las molduras o el techo de bóveda catalana de la cocina, que crea un precioso contraste visual que funciona a la perfección con el suelo de mosaico hidráulico que se ha instalado. 
Aquí, en la cocina, la gran protagonista es, sin duda, la isla central iluminada con dos lámparas suspendidas, las cuales permiten crear un entorno recogido y acogedor, dándole importancia y valor, ya que sus propietarios hacen mucha vida en ella y les encanta cocinar. Por ello se decidió abrir el espacio con el comedor, aportando luminosidad y conexión a la estancia, permitiendo la visibilidad continua del ambiente. En la reforma se eliminaron las baldosas blancas de 
10 x 10 cm de las paredes, rematando incluso un saliente del muro; se amplió el espacio, se alisaron paredes y se revistió en tonos naturales, con un pavimento que combina el blanco de la cocina con el azul grisáceo de la zona del comedor, de manera que ambas áreas quedan perfectamente integradas. Se retiraron los viejos armarios y se colocaron otros con molduras, de cuerpo inferior y superior, aumentando la capacidad de almacenamiento.

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Las obsoletas baldosas blancas (10 x 10 cm) que recorrían todo el perímetro mural de la estancia hasta media altura (funcionando como antepecho) y lo armarios bajos en varios colores hacían de esta cocina un espacio absolutamente poco funcional. 
Lo mismo ocurría con las canalizaciones de agua vista. Había problemas de humedades, de luz y de organización. No era un espacio preparado para vivir en familia o para disfrutar del placer de la cocina, algo que necesitaban sus actuales propietarios.

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La reforma pasó por suavizar la angulosidad de las esquinas de la cocina, dando linealidad a los muros y mayor coherencia. Algo que ha permitido instalar armarios de suelo y de pared, así como otros de cuerpo entero, optimizando la superficie y facilitando la colocación de una gran isla central para el disfrute familiar del espacio. Se optó por pintura para los muros y un pavimento de mosaico hidráulico, conservando también la bóveda catalana de los techos, para crear un bello y decorativo contraste espacial.

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La apertura exterior era un buen comienzo para organizar el viejo espacio de cocina. Fue el punto de partida para un diseño abierto, sobrio y elegante y absolutamente funcional, con cómodas zonas de paso y una gran isla central.

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La vieja ventana al exterior y la puerta que comunicaba la estancia con el salón se transforman para dar lugar a un espacio mejor iluminado y comunicado. Así se implementa el cerramiento exterior, mientras que se cierra la puerta del salón abriendo otras al comedor y al pasillo, de forma que todo quede perfectamente integrado y el salón aparte, para un mejor descanso.