Como ya sabes, nos declaramos amantes indiscutibles de las plantas. Las reinas del mundo vegetal son una de las mejores opciones que tenemos para decorar el interior de cualquier espacio, embellecerlo y ayudar a refrescar y oxigenar el aire que respiramos. Pero a menudo pasamos por alto una parte imprescindible de su cuidado: la limpieza.

Regarlas en la frecuencia adecuada es solo la primera parte, y la más básica, para mantenerlas en pleno estado de salud. Pero también es imprescindible realizar podas periódicas y estar atentos para retirar las hojas muertas o amarillentas para evitar que la planta desperdicie energía o quede ahogada entre la acumulación de hojas sobre la tierra. Así como quitarles regularmente el polvo ya que, al tratarse de plantas de interior, no pueden aprovechar el agua de la lluvia para mantenerse limpias: las partículas acumuladas en las hojas impiden que las plantas respiren y se oxigenen correctamente dificultando el importante proceso de la fotosíntesis. Por lo que las hojas pueden acabar marchitándose o incluso morir. Aproximadamente, se recomienda quitar el polvo de las hojas cada diez días.

Hay quien aprovecha cada día de lluvia para sacar las plantas de interior al balcón, a la terraza o al jardín para conseguir así una limpieza totalmente natural. Pero, además del riesgo de ahogo que esto puede suponer si no estamos muy pendientes de la cantidad de lluvia que reciben, no siempre nos resulta posible por distintos motivos.

¿Cómo limpiamos las plantas sin sacarlas del interior de casa? El método que vamos a utilizar depende en gran medida del tipo de planta y del tipo de hojas que tenga. Lo mejor sería que, cada vez que adquieras una nueva planta, consultes cómo debes mantener correctamente su limpieza con el florista, pero vamos a repasar cuáles son los métodos generales más utilizados en el cuidado de las plantas de interior.

Hojas grandes
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Hojas grandes

Se ha escrito mucho sobre los tipos de productos que podemos utilizar para limpiar las hojas grandes de las plantas. Desde cerveza a vinagre o aceite, pasando por leche entera de vaca o una pizca de jabón o detergente biológico. En las tiendas también encontrarás productos formulados especialmente para ello, como los abrillantadores de hojas.

En realidad, no hay ninguna opción comodín que pueda servirnos para cualquier tipo de planta, así que conviene asegurarnos de que limpiamos correctamente la nuestra. Lo más seguro será utilizar un trapo humedecido, una bayeta de microfibra o una esponja empapada con agua tibia y limpiar una a una cada hoja con cuidado para evitar que se rompan.

Hojas pequeñas
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Hojas pequeñas

En este caso, puedes utilizar un cepillo de dientes o un pincel de brocha pequeña, o bien pulverizar un poco de agua con un vaporizador y luego sacudirlas.

Si la planta es pequeña y manejable, también puedes llevártela hasta la ducha, ponerla boca abajo y regarla con la mínima presión de agua posible. Sacúdela después para quitarle el exceso de agua.

Hojas aterciopeladas y cactus
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Hojas aterciopeladas y cactus

Para limpiar los cactus puedes pasar un pincel en seco por encima de las espinas. Las hojas aterciopeladas también puedes limpiarlas, con mucho cuidado, utilizando un cepillo de púas muy suave.

Plantas con flores
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Plantas con flores

Por su delicadeza y vulnerabilidad, las flores no deben limpiarse utilizando ninguno de los métodos anteriormente citados.

Plantas artificiales
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Plantas artificiales

Aunque su cuidado es, lógicamente, mucho menor respecto a sus compañeras originales, no debes regarlas, pero sí debes limpiar las plantas artificiales. La acumulación de polvo y de ácaros, además de los inconvenientes de higiene y las alergias o problemas de salud que pueden generar, también pueden acabar destiñendo las flores artificiales.

Lo mejor es limpiarlas a menudo utilizando un plumero, una brocha de pintar, un secador, un pulverizador o, directamente, una bayeta o un trapo según su tamaño, como te hemos explicado con el resto de plantas vivas.