Foto: Mayu Morita

¿Has imaginado alguna vez dormir dentro de una copa de vino? Este ha sido el objetivo del arquitecto de RhymeDesign, Taka Chinomoto, y del director Jumpei Oe, crear una atmósfera efímera, en una habitación de hotel, que nos envuelve y nos hace experimentar una inmersión con tan solo unas cortinas y cuatro paredes pintadas.

Tal y como sucede con las copas de vino, el color de la habitación se gradúa a través de variaciones de burdeos. Cuando se sirve, el vino que cae suele tener un rojo vivo, pero se vuelve casi negro y brillante según llega a la copa. Lo mismo sucede en esta habitación donde, para lograrlo, se ha usado una combinación del color de las uvas y la intensidad de la luz.

photo0050

Foto: Mayu Morita

Para amplificar la intensidad de la luz, cerca de la ventana se ha pintado una franja en color blanco gracias a la que, por la noche, varias luces del piso creen áreas de colores brillantes y más saturados. Esta sensación se completa con las cortinas de organdí, diseñadas por Haruka Shoji, que se han colocado en la entrada de la habitación, las cuales crean un resplandor vaporoso y, superpuestas, crean sombras de color burdeos acentuando una escena efímera.

Una experiencia que queda latente en el corto Burgundy Black, donde la intensidad de la luz, las sombras y la profundidad visual del organdí nos conducen a un universo irreverente, color vino tinto, más expresivo y con vida donde los límites del espacio se difuminan.