Reproducciones de encantadores arbolitos en pequeñas macetas. El concepto bonsái surge en la China de hace más de dos mil años como una planta de culto para los monjes taoístas: un puente entre lo humano y lo divino, el cielo y la tierra. La tradición de mantener sus singulares características, con el aspecto triangular, el tronco grueso y las raíces fuertes y visibles, ha viajado con pocas variaciones a lo largo de los años y ha llegado con la misma esencia hasta la actualidad.

Al principio, tener un bonsái puede parecer difícil, complicado y tedioso, pero teniendo presente algunos cuidados básicos se puede convertir en un hobby muy placentero y fructífero. Con las siguientes recomendaciones podréis tener durante mucho tiempo a un hermoso árbol en miniatura en el salón de vuestro hogar o en vuestro jardín.

 

La ubicación
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La ubicación

Los bonsáis, aunque son pequeños, son árboles que necesitan el mismo sol, aire y humedad que sus “hermanos mayores”. Una terraza, un balcón, un jardín o una ventana son lugares propicios para colocarlos. Si los queréis ubicar dentro de casa, tenéis que pensar si reúne las condiciones adecuadas para que el bonsái se pueda adaptar. Eso va a depender de que el emplazamiento tenga luz (se puede situar cerca de una ventana bien iluminada, por ejemplo) y humedad (una habitación fresca y lejos de aparatos de calefacción, chimeneas o electrodomésticos que puedan desprender calor). 

Lo ideal es poder colocarlos a una altura adecuada para poder observarlos, nunca a ras de suelo: una buena idea es ponerlos encima de estantes de madera (no reflejan calor) o pallets apilados.

El riego
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El riego

Resulta imposible decir con qué frecuencia se debe regar un bonsái, pues depende de distintos factores: la especie del árbol, su tamaño, la forma de la bandeja, la estación o la climatología en el lugar donde esté ubicado. Sin embargo, existen algunas normas básicas para que vuestro árbol en miniatura no padezca y pueda sobrevivir.

Es importante evitar el riego de forma rutinaria y a la misma hora. Siempre es preferible observar a los árboles individualmente y comprobar (por ejemplo con los dedos) el nivel de humedad de su tierra, ya que se debe procurar que el sustrato esté siempre húmedo. Además, hay que tener en cuenta que es mejor no regarlo al mediodía. A esa hora la maceta y la tierra están muy calientes, por lo que la temperatura del bonsái descendería muy rápido con el agua fresca y podría perjudicar su salud.

Otro buen truco si tenéis el bonsái en el salón o dentro de casa es pulverizar sus hojas de vez en cuando para limpiarlas y así revitalizar el árbol. Los bonsáis que viven en casa no reciben el agua de la lluvia por lo que sus hojas inevitablemente se van llenando de polvo.

El trasplante
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El trasplante

Que las raíces se enrollen abundantemente alrededor de la maceta es un indicador para realizar el trasplante. Normalmente se hacen durante el final de invierno y principios de la primavera, momento en el cual el árbol empieza a despertarse. Podéis comprobar su estado sacándolos cuidadosamente de su maceta. Un bonsái anciano o más maduro necesita ser trasplantado, normalmente, cada 3 o 5 años, mientras que otro más joven cada año o cada dos, dependiendo de la especie. Para hacerlo correctamente necesitáis un rastrillo, tijeras, corta alambres (si está anclado en la maceta) y un palillo. Debéis procurar quitar la tierra vieja desenredando las raíces y cortar un tercio de estas antes de trasladarlo a otro recipiente cuya anchura en ningún caso debe sobrepasar el 80% de la altura total del bonsái.

El abono
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El abono

El potasio es esencial para el óptimo desarrollo de un bonsái. Es por eso que deben buscarse abonos que contengan una alta cantidad de este mineral, uno de los alimentos predilectos de la planta, junto con el fósforo, el calcio, el magnesio y el azufre. En el mercado podéis encontrar abonos líquidos y sólidos. Si usáis el líquido, se puede disolver en el agua de riego o también se puede aplicar con el agua de vaporización, por encima de las hojas; mientras que si adquirís el sólido, tenéis que aseguraros de repartirlo uniformemente por la tierra de la planta. ¿Y qué época es la más oportuna para abonar? Lo más idóneo es hacerlo durante la etapa de crecimiento del árbol, durante la primavera o a finales de verano.  

 

La poda y el alambrado
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La poda y el alambrado

El bonsái en gran parte es forma. Su dueño la personaliza a su gusto, por lo que para conseguir los resultados estéticos deseados es fundamental realizar una correcta poda y posterior proceso de alambrado con el que redirigir las ramas a vuestro antojo, eliminando las defectuosas o innecesarias. En la parte más técnica, el modelado, necesitaréis las herramientas adecuadas, de corte cóncavo, que os ayudarán a efectuar cortes limpios y de fácil cicatrización. Los meses finales de invierno son perfectos para llevar a cabo la práctica, pues el bonsái aún está en reposo y no le sale tanta savia por las heridas de la poda. Si veis que el daño producido a vuestro pequeño árbol es de un gran tamaño, podéis cubrir las heridas con pasta selladora. Mano de santo para asegurar su perfecta cicatrización.