El los últimos años, el creciente precio de la vivienda y el estrés que causa la vida diaria en las grandes metrópolis está haciendo que muchos reconsideren la idea de apostar por un estilo de vida completamente distinto: un reducto alejado de la civilización, una vivienda recogida en algún lugar del mundo que sea realmente inaccesible, donde poder reconectar con nuestra esencia más natural.

Con este panorama, ha surgido una nueva tendencia para dar respuesta a todos esos espíritus que buscan una liberación del agobio de las ciudades: las casas prefabricadas. El precio asequible y la gran velocidad con la que se construyen estos refugios ha hecho que surjan cada vez más opciones en el mercado y que más marcas se unan a este ‘trend’ ecologista.

En esta ocasión, el nuevo desafío a la arquitectura sostenible llegó de la mano del gigante sueco, que recientemente ya nos sorprendió con su nueva colección elaborada con residuos plásticos. En efecto, parece que la marca se ha propuesto cumplir con el firme compromiso de generar un impacto positivo en el planeta. Para este nuevo reto, bautizado como Building Blocks, la marca se planteó crear una casa completa que fuese “sencilla de embalar”, abrir e instalar, siguiendo la línea del resto de sus muebles. Y, por si fuera poco, estableció también que la estructura debía ser universal, adaptable a cualquier lugar y modo de vida de la Tierra, a la vez que se debía emplear la menor cantidad de materiales para que fuera lo más económica posible.

Para afrontar este nuevo desafío, Ikea contó con la colaboración de dos estudiantes de arquitectura danesas: Johanne Holm-Jensen y Mia Behrens, que se las vieron y se las desearon para dar con un diseño que no sólo siguiera el estilo de Ikea, sino que pudiera adaptarse tanto a lugares fríos como calurosos. Ese fue el motivo de que las dos arquitectas optaran por una línea basada en el minimalismo y la sencillez, un estilo que también pudiera ajustarse a todas las culturas del planeta.

Pese al alto nivel de dificultad, las dos estudiantes danesas lograron crear, tras 6 meses de trabajo en el laboratorio de desarrollo y diseño de un modo de vida más sostenible Space10 (en Dinamarca) un microhogar funcional a un precio rompedor: 9400 dólares. Además, para seguir en esta línea sostenible y global, la casa es de código abierto, lo que quiere decir que cualquiera puede descargar libremente los planos por un módico precio y construir la casa prefabricada por cuenta propia.

La gran versatilidad de esta nueva casa prefabricada, además, yace en el hecho de que ha sido elaborada con una sola máquina, una fresadora CNC (una herramienta muy asequible) y un solo material: madera contrachapada, uno de los materiales de construcción más habituales en la actualidad. De este modo, el proyecto se presenta como uno de los más accesibles del momento, un diseño cuya longitud no está limitada, por lo que puede adaptarse fácilmente a distintos espacios y situaciones.

Se trata, sin duda, de un proyecto que ha entusiasmado a todos los ‘Ikea hackers’ del momento, ansiosos por descubrir qué opciones creativas ofrecen estos hogares “desmontables”.