Koldo Fernández Gaztelu y Enrique Jerez Abajo forman el estudio de arquitectura Gatzelu Jerez Arquitectos que opera entre Pamplona y Burgos. En 2008, dos hermanos les encargaron proyectar dos viviendas similares en el pequeño pueblo burgalés de Caleruega. “Proyectar una casa para un cliente con nombre y apellidos es, seguramente, el reto más exigente y fascinante al que un arquitecto puede enfrentarse”, explican.


© Javier Bravo

Uno de los retos de este encargo, cuyo recorrido se prolongó durante 5 años, consistió en que la condición pareada de las dos viviendas no condujera a la simpleza de la repetición o la simetría. El segundo objetivo residió en apostar por una arquitectura simultáneamente contemporánea, vinculada a lo vernáculo y que cumpliera la estricta normativa del pequeño municipio rurale. Por otro lado, el proyecto lo construiría la pequeña empresa local regentada por los hermanos, de modo que algunas soluciones adoptadas resultaron tanto nuevas como estimulantes.


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Desde el primer momento el proyecto se trató como una sola casa, como un ente único en el que externamente apenas se apreciara dónde termina una y dónde empieza la otra. Exteriormente, la construcción no refleja la adición de estratos verticales, sino horizontales. Un zócalo o “sándwich” de hormigón y piedra natural de la zona sirve de apoyo para un volumen que remite al arquetipo primario, tradicional y simbólico de “la casa”, tal como suele identificarse en el inconsciente colectivo. El volumen elevado se reviste con piedra caliza, lisa y blanca de las canteras del propio pueblo.


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La planta baja se abre al exterior mediante huecos generalmente grandes, de suelo a techo y protegidos por porches, mientras que el volumen superior es vaciado de manera más puntual. "De este modo, se produce una dicotomía aparentemente contradictoria, pero que creemos válida: la rugosa materialidad de la planta baja se combina con huecos más abstractos, así como con pequeñas cubiertas planas (nos atraen aquellas confortables casas americanas de Marcel Breuer), mientras la mayor asepsia material de la pieza superior se trata con huecos más pequeños y una sencilla cubierta a dos aguas de teja cerámica".


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Los espacios de planta baja se enfocan hacia distintos puntos acotados del jardín gracias a varios elementos, a modo de catalejo, que se desvinculan de la geometría del rectángulo de la pieza superior, produciendo porches cubiertos a medio camino entre el interior y el exterior. Las dos plantas superiores miran hacia las llanuras lejanas de la Ribera del Duero. En la última planta, una de las viviendas se vacía en una terraza abierta hacia el sur.


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En el interior, unas escaleras de madera, junto con pasarelas y espacios a doble altura sobre la sala de estar y el comedor, vinculan las distintas plantas, fomentando la riqueza espacial y la unidad del conjunto.


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