La obra de Francis Bacon vuelve a cubrir, después de 20 años, el Centro Pompidou de París de la mano de 'Bacon en toutes lettres'. Una muestra que podrá verse en la pinacoteca hasta el 20 de enero de 2020 y en la que resalta la relación que el pintor irlandés tuvo con la literatura. Autores como Esquilo, Joseph Conrad, T. S. Eliot, Nietzsche, George Bataille o Michel Leiris impactaron en la producción artística de este autor figurativo, reconocido por su tendencia a distorsionar la figura humana.

Seis salas y seis textos leídos por actores y actrices franceses (‘Las Euménides’, de Esquilo; ‘La visión dionisíaca del mundo’, de Nietzsche; ‘La tierra baldía’, de T. S. Eliot; ‘Espejo de la tauromaquia’, de Michel Leiris; ‘El corazón de las tinieblas’, de Joseph Conrad; y 'Crónica. Diccionario’, de George Bataille) vertebran el recorrido de la muestra. En ella se exponen 60 cuadros, incluidos 12 trípticos y una serie de retratos y autorretratos procedentes de colecciones públicas y privadas. La exposición es un diálogo entre seis textos extraídos de la biblioteca de Bacon y la obra de sus últimos veinte años. Este espacio ha sido conservado y catalogado por el Trinity College de su Dublín natal. Entre los más de mil títulos destacan obras citadas explícitamente por el pintor que le sirvieron como fuente de inspiración en su trayectoria artística.

Francis Bacon, Oedipus and the Sphinx after Ingres (1983)

Bacon y la literatura

Entre las principales lecturas del pintor irlandés, destaca, como explica Didier Ottinger, comisario de la exposición, La Orestíada de Esquilo. En 1981, Bacon explica que esta trilogía dio directamente origen a uno de sus trípticos. Sus vínculos con Esquilo son de lo más antiguos. Descubrió La Orestíada a finales de los años 1930, cuando asistió en varias ocasiones a las representaciones de la obra de T.S. Eliot que transpone el relato de las tragedias griegas a la Inglaterra contemporánea (The Family Reunion (Reunión de Familia)). Unos años más tarde, Bacon descubre la obra que un erudito irlandés (W. B. Stanford) había dedicado a la trilogía de Esquilo. Tras 1971 y el fallecimiento de George Dyer, las figuras de las Euménides, esas criaturas que encarnan la culpabilidad surgida de los crímenes parricidas, ya presentes en su tríptico de 1944, invaden literalmente sus cuadros.

El interés de Bacon por la tragedia griega le conduce lógicamente a Nietzsche, su exegeta más mordaz. El nacimiento de la tragedia del filósofo alemán termina de persuadirlo de que la creación más perfeccionada se nutre de la influencia complementaria del culto a la belleza perfecta inspirada por Apolo y, simultáneamente, de las fuerzas destructoras, de lo amorfo que provocan la embriaguez y la violencia dionisíaca. Los autores de predilección de Bacon son la muestra de la continuidad entre dos valores contradictorios, de esta co-inteligencia de los opuestos. El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad aborda el carácter inextricable de los principios de civilización y de barbarie, los vínculos de Eros y de Tánatos constituyen el fundamento de los escritos de George Bataille... De la pléyade de escritores que tanto aprecia Francis Bacon, Michel Leiris ocupa un lugar especial. Traductor de la versión francesa de sus entrevistas con David Sylvester, el autor de Edad de hombre se convierte en el prologuista de sus exposiciones parisinas. El escritor y el pintor se conocen en Londres, en 1965. Leiris envía a Bacon la reedición reciente de su Espejo de la tauromaquia (publicado en 1938), en el que desarrolla un paralelismo entre el arte del poeta y el del torero. Un año después de haber leído la obra, Bacon pinta su primer toro. Además de la poética, Bacon transpone de forma plástica, tanto para Leiris como para T.S. Eliot, la forma fragmentaria de sus obras, su estética del «collage», a veces de forma explícita cuando introduce en sus composiciones hojas de periódicos.