Sin pasión no hay arte”, decía Henri Matisse. Y precisamente esa palpable pasión y el arte son los dos elementos que inundan una vivienda de 550 metros cuadrados ubicada en una de las zonas más exclusivas de Ciudad de México. Los propietarios, una pareja apasionada por el diseño, la comida, el arte y los viajes, decidieron reformar el inmueble con el objetivo de lograr que su decoración fuera un claro ejemplo de su amor por el arte.

En este sentido, él es un exempresario que decidió dejar el mundo de los negocios para perseguir un oficio milenario tan noble como la cerámica, convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. Por eso, el estudio, las habitaciones y, en definitiva, cada rincón de la casa exhiben cada una de sus piezas con diferentes técnicas y son una muestra palpable de que su decisión fue la más acertada.

Ella, en cambio, es una mujer con estudios de inteligencia emocional capaz de explicar y transmitir de una manera única sus vivencias, las experiencias de vida que le han marcado, poniéndole muy fácil al estudio la tarea de captar su idea y plasmar sus gustos y estilo en cada uno de los rincones y detalles del espacio

Inquietudes creativas

La reforma recae sobre las manos de ‘Estudio Tanguma’, con Alejandra Garza Tanguma al mando. Después de 10 años desde su creación, es hoy una de las firmas más exitosas del norte de México, algo que el equipo ha logrado claramente gracias a su capacidad de equilibrar las inquietudes creativas propias con los deseos de los clientes y los contextos inherentes en cada espacio, siempre buscando resultados que se adapten a las necesidades de cada propietario.

En palabras de la diseñadora, “ningún proyecto es igual, los clientes no son los mismos. El hecho de que cada persona sea diferente nos obliga a innovar siempre. Los proyectos que realizamos son una proyección del usuario. Todo nuestro trabajo esta centrado en la persona”.

Propuesta artística
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Propuesta artística

Lo que se plasma en la mayoría de las piezas, esculturas y libros seleccionados con mucho detalle es un viaje a la antigua China, logrando la creación de un ambiente ancestral, único y místico que se mimetiza sincrónicamente con el arte de artistas como Rafael Coronel, Vladimir Cora, Gilberto Aceves Navarro y Pablo Amor. A estas se suman el las obras artísticas del propietario, de manera que se rinde un homenaje a sus creaciones.

Fotografía: Gabriela Guajardo

Balance y armonía
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Balance y armonía

La terraza es una de las estancias más destacadas del proyecto, pues contiene de forma intrínseca dos de los valores que el estudio siempre busca transmitir en sus trabajos: balance y armonía.

Y es que no solo ofrece unas espectaculares vistas a la ciudad, sino que apuesta por un ambiente relajado y sencillo que va en línea con la decoración del interior de la casa, reforzando esa consonancia presente en el conjunto. Lo cierto es que desde esta vivienda nos trasladamos hasta una suerte de oasis del diseño dentro de la zona del Bosque Real, creando una experiencia única gracias a la entrada de mucha luz natural que es todo un ‘statement’ visual.

Fotografía: Gabriela Guajardo

Habitación principal
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Habitación principal

La inmensa suite es otro de los espacios preferidos del estudio de interiorismo, que se decoró buscando en todo momento un aspecto impersonal y muy cálido, acorde con la intimidad de estas estancias.

Los tonos neutros como el ocre suman a esa armonía visual que está presente en toda la casa, y su decoración ‘minimalista’ permite que se trate de una zona especialmente reservada al descanso y a la relajación.

Fotografía: Gabriela Guajardo

Dos partes modulares
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Dos partes modulares

La renovación con el mobiliario italiano, los muros, la pintura y en definitiva la estructura son elementos representativos de este proyecto, que se divide en dos partes modulares: la terraza y el comedor porque son estancias que permiten la convivencia de los propietarios con sus hijos y nietos, y el cuarto de visitas porque demuestra la importancia de ser anfitriones y dar la bienvenida de una manera cálida, única y diferente a sus invitados.

Fotografía: Gabriela Guajardo