El alquiler es una opción muy recurrente en la actualidad. Con un contrato firmado y las llaves en la mano, puedes entrar en tu nuevo hogar y disfrutarlo sin pensar en la señora hipoteca. Al escoger entre comprar o alquilar, es importante que consideremos el precio de venta, los metros cuadrados, los impuestos, el IBI, el seguro, los costes, el lugar... ¡No es nada fácil! Hay muchas cosas a considerar y poner en la balanza.

Además de todas las preguntas que debemos hacernos, también tenemos que pensar en nuestro salario. Por esta razón, muchas personas acaban optando por el alquiler, una alternativa más sencilla y asequible que nos proporciona lo que buscamos y, quizás, incluso nos puede salir más a cuenta.

El contrato de alquiler

Cuando llega el momento de firmar, tenemos que prestar mucha atención y leer bien el contrato para que no caigamos en las cláusulas abusivas. Ya conoces la mítica frase: “hay que leer la letra pequeña”. Normalmente, en el documento deben aparecer todos los datos, de lo contrario, la Ley impone las cláusulas que no están indicadas en este.

La relación casero-inquilino

Más vale que la relación con nuestro casero sea buena porque no solamente vamos a tener que hablar y acordar todo con él, ya que después deberemos mantener la comunicación durante toda nuestra estancia para solucionar cualquier duda, problema o cuestión. Es una persona que siempre estará allí y a quien deberemos acudir más de una vez.

¿Qué paga quién?

Al estar viviendo de alquiler, hay gastos que corren por nuestra cuenta, pero hay otros que van a cargo del casero. Para que no nos engañen, es imprescindible conocer bien el contrato que previamente hemos firmado y tener siempre presentes los acuerdos con el propietario.

El inquilino: las cosas que se desgastan y los daños causados por el arrendatario o sus visitas son su responsabilidad, es decir, cuando se rompe un cristal, la correa de la persiana, el cambio de bombillas… Asimismo, hay pequeñas averías que pueden ir a su cuenta, como cuando hay un filtro obstruido. Y por lo que hace a los gastos del día a día, es quien se encarga de pagar el agua, la luz, el gas, el teléfono y otros costes de contadores individuales. Así pues, en principio, le corresponde pagar la tasa de basuras.

El Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP) y Actos Jurídicos Documentados (AJD) es un tributo presente en el alquiler de una vivienda y es el inquilino quien debe pagarlo. En el caso de tratarse de un alquiler con fines turísticos, el inquilino debe responsabilizarse del Impuesto sobre las estancias en establecimientos turísticos.

El casero: es el encargado de cubrir el coste que supone darse de alta de los suministros básicos y de cargar con los gastos de las grandes averías (más de 150€), como las de la lavadora, la caldera… Por lo que debemos avisar al arrendador lo antes posible para que nos solucione el problema.

También le repercuten las reparaciones o desperfectos serios causados por el desgaste o el paso del tiempo, a excepción de que sean culpa del inquilino, como los problemas de la instalación eléctrica o la conservación de las paredes. Y debe pagar el IBI, la comunidad y el seguro de la casa y los de mantenimiento.

Aunque parezca claro, no siempre es tan fácil de diferenciar y saber a quién le corresponde cubrir ciertos gastos. Este puede ser el caso de la tasa de basuras, de una denuncia por ruido, una inundación… De antemano debe aclararse todo correctamente y ante circunstancias inesperadas, analizar lo sucedido y saber quién lo ha provocado. Además, a veces el contrato no indica quién debe ocuparse de pagar las cosas en según qué situaciones. En estos casos, deberemos negociarlo con el casero, pero recuerda que tampoco es bueno estar siempre tirando de la cuerda.