Hace poco más de un siglo, la pujante burguesía industrial catalana encontró en el Modernismo el estandarte perfecto para reflejar su momento de bonanza. Un movimiento rompedor y novedoso que, como la propia clase social que lo impulsaba, se valía de las nuevas tecnologías para proyectar unos ideales con tinte nacionalista y socialista, sobre los que construir un nuevo mundo de lujo, higiene y exuberancia.

Es indiscutible que los principales iconos del movimiento se encuentran en la capital catalana, y cualquiera interesado en profundizar en él no debería dejar de visitar la Sagrada Familia, el Hospital de Sant Pau, el Park Güell o la Pedrera. Pero lo cierto es que existen auténticas joyas arquitectónicas del Modernismo Catalán en muchos otros lugares además de Barcelona; no en vano los industriales textiles hicieron sus fortunas no en la capital, sino precisamente en las provincias y en las colonias obreras. Éstas son algunas de las más insignes:

Casa Navàs (Reus)
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Casa Navàs (Reus)

La casa Navàs, construida por el arquitecto Lluis Domènech i Montaner entre 1901 y 1908, preside la concurrida Plaza del Mercadal de Reus y responde al modelo clásico de arquitectura Modernista: el encargo de un recientemente adinerado comerciante textil, concebido como un obra de arte total que reflejara tanto su pujanza económica como su apoyo a la revolución política y estética que se vivía en Cataluña a principios de siglo. Su propietario, Joaquim Navàs, había sido compañero de juegos de la infancia de otros dos ilustre reusenses: Eduard Toda i Güell y Antoni Gaudí.

En su interior se pueden apreciar todos los elementos característicos del estilo: incontables conjuntos escultóricos con motivos florales – la abundancia de referencias botánicas, además de ser una de las características del art nouveau, responde a la imposibilidad de ubicar un jardín real en la planta baja, donde se encontraba la tienda familiar –, mosaico cerámico romano en pavimento y techo, elaboradas carpinterías y diseños de mobiliario, coloridas vidrieras montadas sobre hierro forjado y referencias pictóricas a las glorias catalanas.

Celler Adernats (Nulles)
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Celler Adernats (Nulles)

El Celler Adernats es una de las muchas “catedrales del vino” que el arquitecto César Martinell construyó por toda la geografía catalana a principios del siglo pasado. A diferencia del habitual mecenazgo del Modernismo por parte de la clase industrial, la mayoría de estos proyectos fueron financiados por jóvenes cooperativas vinícolas, que vivían un resurgimiento económico como consecuencia del sindicalismo adoptado después de la terrible plaga de filoxera acaecida a finales del siglo XIX.

En un raro ejercicio de funcionalidad (el Modernismo es principalmente conocido por su recargado decorativismo), el arquitecto opta por el uso de arcos parabólicos para ordenar el espacio, liberando dos amplios pasillos desde los que poder acceder a las tinas en las dos plantas. Asimismo, la elección exclusiva de materiales locales para la construcción del edificio nos remite al ideal vernáculo al que comúnmente se asocia el movimiento Modernista.

Casa Museu Alegre de Sagrera (Terrasa)
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Casa Museu Alegre de Sagrera (Terrasa)

Esta opulenta mansión, reformada en 1911 por el arquitecto Melcior Viñals, supone el ejemplo perfecto de cómo los nuevos ricos de la burguesía industrial catalana adoptaron el Modernismo como signo de refinamiento y ostentación. La familia Sagrera, de origen humilde, emigró a Terrassa en el siglo XVIII para verse convertida, dos siglos más tarde, en una de las más pudientes de la capital del Vallés Occidental, después de una serie de afortunadas inversiones y matrimonios.

A principios del siglo XX decidieron reformar su entonces deteriorada casa, adoptando la moda Modernista de la época en su vertiente más ecléctica. En la actualidad pueden visitarse sus suntuosos salones repletos de exquisito mobiliario y obras de arte, así como sus pintorescos jardines, en perfecto estado de conservación desde que el Ayuntamiento de Terrassa adquirió la propiedad en 1973. A poca distancia puede visitarse también el mNACTEC, otro de los emblemas del Modernismo egarense.

Santuari de la Mare de Déu de Montserrat (Montferri)
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Santuari de la Mare de Déu de Montserrat (Montferri)

La otra Sagrada Familia” fue un encargo realizado en 1925 por el padre jesuita Daniel Vives a un lejano pariente suyo, Josep Maria Jujol, que nunca vio terminada su obra. La expulsión de los jesuitas en 1930 y la Guerra Civil Española obstaculizaron la construcción de este impresionante diseño del colaborador más estrecho de Gaudí, que tardó más de setenta años en completarse.

Concebido como una catedral a la antigua usanza, la inmensa mayoría de los ladrillos de este santuario fueron aportados por los propios feligreses, que los elaboraban con la arena extraída del río Gaiá. En él pueden apreciarse varios de los recursos constructivos de la arquitectura gaudiniana, como los arcos catenarios, las puertas de hierro forjado, los coloridos mosaicos de cristal e incluso el trencadís. La volumetría está inspirada en la orografía y las costumbres catalanas, desde el macizo de Montserrat hasta las torres humanas de los castellers de Valls.

Casa Coll i Regàs (Mataró)
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Casa Coll i Regàs (Mataró)

Josep Puig i Cadafalch edificó en 1898 la suntuosa morada del también mataronés Joaquim Coll i Regás, magnate textil. Aunque el permiso solicitado para el proyecto era de reforma integral de dos edificios, lo cierto es que las construcciones existentes se derruyeron por completo para poder edificar esta bella mansión de cuatro plantas con sótano, convertida hoy en un símbolo de la ciudad.

La Casa Coll i Regàs es una oda al decorativismo tan característico del movimiento, así como a los oficios artísticos y las artes aplicadas: por doquier pueden encontrarse esculturas de piedra y forja, mosaicos de baldosas y esgrafiados florales. Destaca especialmente la fachada de la calle, de inspiración neogótica y luciendo una imponente tribuna, cuya puerta principal está coronada por “La Filosa”: una gran escultura de una hilandera que supone una de las muchas referencias que el arquitecto hace a la profesión de su cliente.

Casa Solà-Morales (Olot)
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Casa Solà-Morales (Olot)

La reforma de la residencia de la familia Solà-Morales, llevada a cabo entre 1912 y 1916 por Lluis Domènech i Montaner, es un claro ejemplo del Modernismo más contenido. Sobre la base de una casa solariega del siglo XVIII de estilo barroco, el arquitecto proyecta una serie de intervenciones funcionales y respetuosas con la composición original, aunque dotando al edificio, y especialmente a la fachada, de un aspecto distinto, elegante y moderno.

Destacan en la planta principal la bella tribuna en voladizo sobre ménsulas radiales, los enrejados, la galería de doce columnas en la parte superior y el alero de cerámica decorativa. En la planta baja, las cariátides de piedra en las columnas de mármol son obra del escultor Eusebi Arnau i Mascort, quien ya había colaborado con el maestro en el Palau de la Música Catalana.

Palau Maricel (Sitges)
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Palau Maricel (Sitges)

Aunque considerado novecentista, este cuerpo del conjunto Maricel (dividido entre el Museo y el Palacio, llamados también Maricel de Tierra y de Mar, respectivamente), ya apunta maneras en lo que a Modernismo se refiere. Así lo atestiguan su eclecticismo historicista (que mezcla con total desenfado gótico isabelino, almenas medievales y arcos neo-mudéjares), la abundancia de coloridos mosaicos y los sensuales contornos de los aleros de sus terrazas.

Construido por Miquel Utrillo entre 1910 y 1918, este símbolo de la ciudad de Sitges alberga un claustro con unas impresionantes vistas al mediterráneo, y hasta 1921 en sus paredes colgaban obras de arte de Goya, Zurbarán y Velázquez. En la actualidad el Palau Maricel es  la sede de la vida política, social y cultural de la Villa, y a pocos metros de él también puede encontrarse el Museu del Cau Ferrat, considerado el Templo del Modernismo.