Emocionar a través de la imagen, es la intención principal de la mayoría de fotógrafos. Pero en ocasiones, sus historias, también son protagonistas de muchas de estas obras. Nunca se ha documentado tanto todo como en la actualidad, compartiendo todo. Por eso, ellas, fueron pioneras y se abieron camino en un mundo que no era fácil haciéndonos llorar, reir, viajar e, incluso, decorando nuestras casas y nuestra vida.

En esta selección hemos querido rendir un pequeño homenaje a algunas de las principales artistas que compartieron la realidad, y su arte, a través de un objetivo.

Vivian Maier, la niñera de mirada evocadora
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Vivian Maier, la niñera de mirada evocadora

Érase una niñera a una cámara pegada. Con una mano recogía a los pequeños al cole, les daba la merienda y les consolaba cuando se hacían arañazos en las rodillas; y con la otra, tomaba fotos maravillosas. Vivian Maier retrató sobre todo escenas cotidianas y singulares de las calles del Nueva York de los años 50 (como las que acompañan este texto) y también de Chicago hasta los 90. Falleció sin haber expuesto jamás sus instantáneas en público, relegando su pasión por la fotografía a un ‘hobby’ que no hizo sombra laboralmente a sus empleos de niñera. Su archivo fue rescatado (por casualidad y cual tesoro) en una casa de subastas y su personalidad –misteriosa, excéntrica y bondadosa a partes iguales– trató de ser desgranada en el documental ‘Finding Vivian Maier’. Vivió y falleció como una persona anónima, pero dejó, a modo de legado, la huella de su mirada. Como en los versos de Duncan Dhu: “En las sombras, mueren genios sin saber de su magia, concedida sin pedirlo mucho tiempo antes de nacer”.

Gerda Taro, con alma de miliciana
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Gerda Taro, con alma de miliciana

Decía Gerda Taro que sentía “la necesidad de contar la historia de las miserias anónimas”. A través de su objetivo, claro. Esta fotoperiodista alemana llegó a la guerra civil española, tras ser encarcelada por Hitler por repartir propaganda antifascista. Retrató la retaguardia junto a su amor, Robert Capa, y a su amigo Chim. Es autora de la imagen titulada ‘Miliciana recibiendo instrucción en la playa. Barcelona’, de agosto del 36, que muestra a una joven republicana, revólver en mano y con tacones, preparada para la batalla. Taro puso el foco en las milicianas –los derechos de las mujeres también estaban en juego en la contienda–, y en las penurias bélicas, como las de un niño huérfano de guerra que toma sopa mirando al objetivo. La triste miseria de un anónimo. Mientras la reportera disparaba con su cámara, otros lo hacían con balas. Perdió la vida en un accidente en la batalla de Brunete con solo 26 años.

Anna Atkins, la belleza de la botánica
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Anna Atkins, la belleza de la botánica

La delicadeza por el buen gusto nunca pasa de moda. Así lo prueba el trabajo, impregnado en azul, de Anna Atkins. Botánica de profesión, fue la primera fotógrafa de la historia y en 1843 se convirtió en la primera persona en editar un libro íntegramente con fotos, titulado ‘Photographs of British Algae’. Ahí es nada. Utilizó la técnica fotográfica de la cianotipia para documentar las algas, plantas y flores que estudiaba. El resultado: unas imágenes a caballo entre el arte y la ciencia. Su obra ha permanecido en un estado de conservación envidiable más de 175 años después de ser realizada, puesto a que utilizaba un papel de alta calidad y se llegó a dominar minuciosamente la técnica. Una rigurosidad que no fue valorada tras su muerte ya que, como tantas otras pioneras, cayó en el olvido. Su figura fue rescatada en los 80 y ya entrados en el s.XXI, museos como el MoMA en Nueva York o el Rijksmuseum en Ámsterdam le han rendido tributo con exposiciones.  

Joana Biarnés, la dignidad por bandera
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Joana Biarnés, la dignidad por bandera

No lo tuvo fácil esta pionera del fotoperiodismo en España para labrarse una carrera profesional durante la dictadura y en un mundo de hombres. Joana Biarnés se dio a conocer por las imágenes de las inundaciones de 1962 que arrasaron la comarca del Vallès (Barcelona); tres años más tarde se coló en el avión dónde viajaban los Beatles y acabó realizando un reportaje con fotografías intimistas de los de Liverpool en un hotel de Barcelona. Documentó toda una época con un sello propio, retratado a iconos de la cultura como Salvador Dalí, Marisol y Joan Manuel Serrat. “¿Buscas novio?” o “¡Vete a casa fregar los platos!”, le espetaban cuanto le tocaba cubrir un partido de fútbol. Se retiró en 1985, al mismo tiempo que los paparazzi irrumpían en las calles y las portadas, y se marchó a Ibiza para regentar un restaurante muy concurrido en verano por la jet set. Fue redescubierta en el 2012 y homenajeada con varías exposiciones y premios a su trayectoria hasta que falleció en el 2018.

Masha Ivashintsova, maldito síndrome de la impostora
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Masha Ivashintsova, maldito síndrome de la impostora

La fotógrafa rusa Masha Ivashintsova murió apenas sin revelar alguno de los miles de carretes que guardó en el desván de su casa. Fue su hija quién, muchos años más tarde, descubrió las 30.000 fotografías que había tomado su madre, siempre cámara en mano intentando capturar los instantes decisivos de su día a día. No en vano, le llaman la Vivian Maier rusa, la primera destacada en este decálogo de fotógrafas asombrosas. Niños y animales eran sus musas ante el objetivo, para muestra la onírica imagen del perro en el muelle de un lago en Moscú. Explica su hija que Masha vivió marcada por tres historias de amor con hombres laboralmente sobresalientes que, lejos de inspirarla e impulsarla hacia la cima, la sumió en el síndrome de la impostora. Tuvo infinidad de empleos, ninguno relacionado con la fotografía, hasta que murió de cáncer en el 2000 a los 58 años. Su mundo interior salió a la luz en el 2017. Amén.

Inge Morath, la alegría de vivir
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Inge Morath, la alegría de vivir

‘Una llama en Times Square’ es el título de una de las instantáneas más famosas y divertidas de Inge Morath. Tras esta imagen se esconde una fotógrafa que captó la alegría de vivir incluso en los momentos más difíciles. Nacida en Austria, trabajo codo con codo con el maestro Cartier-Bresson. “No quiero cubrir tragedias las conozco bien”, decía, y era cierto: se vio obligada a trabajar en una fábrica nazi junto a prisioneras de guerra al negarse a ingresar en las juventudes hitlerianas. Pudo salir del país y empezó su carrera como reportera gráfica que la llevaría al otro lado del charco, a Estados Unidos. Antes, retrató la España de posguerra como un alegato costumbrista al pueblo  –desde campesinos y a personas pudientes– que trataba de tirar adelante en un país en blanco y (sobretodo) negro. Ya en EEUU capturó las luces y sombras de Marilyn Monroe en el rodaje de ‘Vidas rebeldes’ (entre otras imágenes, bailando descalza y melancólicamente la sombra de un árbol). Allí conoció al escritor y guionista Arthur Miller, a punto de convertirse en exmarido de Marilyn, y que sería el compañero de vida de la fotógrafa hasta que la muerte les separó en el 2002.

Dorothea Lange, conciencia de clase
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Dorothea Lange, conciencia de clase

“No fotografíes las cosas como aparecen, hazlo como las sientes”. Bajo esta máxima trabajó Dorothea Lange, una pionera que dejó su estudio en San Francisco para documentar las consecuencias de la Gran Depresión. Lo hizo en zonas rurales de Estados Unidos, poniendo el foco sobre las mujeres. Su instantánea más conocida es la titulada ‘Madre migrante’, en la que retrata el rostro consternado de una jornalera de California viuda, con sus hijos (de espaldas) arropándola. Es sin duda, una de las imágenes más replicadas en los libros de texto para ilustrar la crisis económica estadounidense en los años 30. También es suya la magnética foto de una anciana negra, con un devantal, frente a un campo de Alabama, que lleva por nombre ‘Ex esclava con una larga memoria’. Y es que, tras su objetivo, Lange retrató sobretodo la dignidad y el empoderamiento incluso en los momentos más complicados.

Berenice Abbott, documentalista polifacética
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Berenice Abbott, documentalista polifacética

Como fotógrafa documental, Berenice Abbott abarcó diversos campos con suma delicadeza. Fotografió el Nueva York –cual gran musa– a partir de los años 30: la arquitectura, los rascacielos, escaparates y vecinos, como muestra la imagen de Grand Central Station tomada en 1941 y la de Columbus Circle, de 1936. También tomó retratos de mujeres transgresoras y empoderadas, dispuestas a abanderar la enseña de la libertad; así como rostros de hombres que ejemplifican lo que ahora llamaríamos nueva masculinidad. Coqueteó con la fotografía experimental y trabajó en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) documentando experimentos y fenómenos científicos, en un alarde estético de lo didáctico.

Ruth Orkin, una vida marcada por las cámaras
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Ruth Orkin, una vida marcada por las cámaras

Las calles de Hollywood vieron crecer a Ruth Orkin, cuyo objetivo retrataría a grandes figuras de la edad de oro del cine como Doris Day, Kirk Douglas, Lauren Bacall y Humphrey Bogart. Fotógrafa precoz –con 10 años empezó a disparar fotos– con 17, decidió emprender un viaje de Los Ángeles a Nueva York en bicicleta y con su cámara como compañera de aventuras. Seguiría su andadura en el mundo de la imagen, ejerciendo de fotorreportera. La instantánea que acompaña estas líneas, ‘Chica americana en Italia’ (1951), se convirtió en todo un icono y fue interpretada como una crítica al acoso a las mujeres. También captó la vida en Manhattan, a menudo desde la ventada de su apartamento en Central Park. A mediados de los 50 coqueteó con el cine realizando los filmes ‘Little Fugitive’ y ‘Lovers and Lollipops’, aunque su gran pasión siguió siendo la imagen fija.

 

Cristina García Rodero, la mirada pura
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Cristina García Rodero, la mirada pura

Con una sensibilidad y empatía desbordante, Cristina García Rodero fue la primera fotógrafa española de la prestigiosa agencia Magnum. Publicó el libro ‘España Oculta’ –hoy, vaciada– tras más de 15 años recorriendo pueblos para documentar las fiestas tradicionales. De ahí surgió la divertida imagen en la que seis hombres están subidos a un banco y una anciana los acompaña, un paso al lado. Fue tomada en Sarracín de Aliste (Zamora), en 1990. Por primera vez en años, se celebraban las mascaradas de Año Nuevo. El pueblo, dónde apenas vivían ya jóvenes, estaba abarrotado y estos seis vecinos decidieron subir al banco para divisar mejor la fiesta. Pero García Rodero también retrató tradiciones más allá de nuestras fronteras, con el proyecto ‘Entre el cielo y la tierra’, retrató algunos ritos típicos en Etiopia. Una fotógrafa inquieta, de mirada limpia, reconocida y premiada.