"Vi un anuncio que decía 'viejo desván con paredes acristaladas' y llamé enseguida. Encontré un espacio vacío bañado por el sol... y supe que sería mío", cuenta Kimberly Harman, diseñadora y propietaria de este loft. Construido en 1986, el edifcio era una fábrica antes de convertirse en apartamentos en los años setenta. El loft tenía tan solo 50 metros cuadrados, y aunque vivir en tan poco espacio tiene sus inconvenientes, Kimberly ha sabido sacarle partido. Los techos altos han sido su mejor baza, ya que le han permitido organizar la zona de noche en un altillo. La escalera ya estaba allí, se restauró y aplicó un color más oscuro, igual que en los suelos, para potenciar la calidez. Bajo el altillo, un generoso armario amplía el espacio de almacenamiento de la casa.


Al abrir la puerta, se encuentra la vivienda. Todo queda a la vista. Solo el dormitorio, en un altillo, queda protegido de las miradas. Debajo, un armario hecho a medida con frontales de espejo aumenta la sensación de espacio.

Las paredes son blancas para maximizar la sensación de espacio y proporcionan un marco para el colorido de los objetos. La mayoría de los muebles son piezas vintage, adquiridos aquí y allá. "Me enamoro de lo objetos, pero solo compro cosas que me hagan feliz", confiesa Kimberly. Es una buena filosofía de vida y también de vivir en el hogar.


Salón. El sofá-cama y la meso de centro son piezas vintage. Butaca blanca de BoConcept. Los pufs se compraron en Marruecos y el buda en Bali. Alfombra de BSB.


La cocina, de reducido tamaña, está abierta al salón. Una pequeña barra con dos taburetes de LaPalma son suficientes para crear un improvisado comedor.

Amante de los viajes, la luz y las piezas vintage, Kimberly Hartman, diseñadora y propietaria de este pequeño loft industrial, no escatima en detalles que le den un aire femenino y cosmopolita, con cierta nota colonial. Después de muchos años trabajando para otros, Kimberly se tomó un tiempo para viajar y en 2008 aterrió en La India y desde allí se trasladó al Sudeste Asiático. Cautivada por los colores de los tintes naturales y los tejidos que las mujeres de Laos elaboraban, empezó a fabricar bolsos con ellos. Pero no solo los textiles la enamoraron, las esculturas, las piezas de cristal y el color de la madera le marcaron profundamente, tanto que su casa es un fiel reflejo de su romance con Asia.