Una vivienda compartimentada y con una distribución poco funcional fue el punto de partida de la arquitecta e interiorista Vera Sánchez Guasch, que aceptó el reto de transformarla y dio con la solución organizativa que potenciara la circulación.

Este era un piso tipo “tubo”, con apertura exterior en ambos extremos. El salón y el estudio se encontraban en una zona, mientras que los dormitorios, el baño y la cocina estaban en otra. El área de día estaba diseminada a ambos lados del recibidor.

La consigna para transformar el espacio era clara: conservar los dos dormitorios (ampliar uno si era factible) y separar perfectamente el área de descanso de la de día. Esto hizo que Vera se decantara por eliminar el estudio y a su vez gran parte del pasillo, de forma que quedara una superficie óptima para diseñar un comedor y crear una nueva cocina (donde antes estaba el estudio) con una distribución en paralelo, abierta al salón y al comedor y disfrutando de un importante caudal del luz procedente del salón. Con este pequeño gran cambio se consiguió un dormitorio más amplio, con estar y baño incorporado y se conservó otra de las habitaciones.

Salón, comedor y cocina son ahora una parte de la vivienda a la que se accede nada más entrar, dejando los espacios destinados al descanso, los más íntimos, ocultos tras un largo pasillo en un luminoso blanco.

Antes
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Antes

La cocina se encontraba junto al baño, el dormitorio y el comedor, en no de los extremos de la casa, justo en el más alejado del salón. 

Recogida en un extremo de la vivienda, la cocina disponía de dos pequeñas ventanas y su distribución era en "L", con muy poca capacidad de almacenaje.

Después
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Después

La nueva cocina se organiza en paralelo. Se han eliminado las puertas y la pared del pasillo, con lo que queda abierta al salón y al comedor, disfrutando de la luz natural procedente del exterior de este último.

La zona de lavado y almacenamiento queda más recogida gracias a un saliente del muro, mientras que  la propia de cocción, que puede disfrutarse desde el comedor, “se esconde” tras un muro exento que la deja semioculta desde el salón.

Todo al blanco
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Todo al blanco

El diseño de la nueva cocina apuesta por el color blanco y el efecto veteado, así como las baldosas estilo metro para el antepecho de la zona de lavado y almacenamiento. Solo hay puertas en los muebles bajos, de manera que se amplía y aligera visualmente la estancia.

Frente a este grupo de estantes y armarios, se instala el área de cocción, donde una gran campana de techo protagoniza el ambiente. Esta línea de mobiliario y encimeras se convierte en una funcional barra de desayunos (con dos taburetes colocados en lo que antes era el pasillo que recorría la casa).