Los propietarios de esta finca, situada en una zona residencial de Madrid, buscaban una vivienda para remodelar a su gusto. Después de mucho buscar dieron con un antiguo colegio: una construcción de los años cincuenta que había sufrido muchas remodelaciones y llevaba varios años en un estado decadente.

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“Hacía falta mucha visión para imaginar ese edificio compartimentado y con anexos convertido en la casa de nuestros sueños”, apuntan sus propietarios; pero la tuvieron, y con la ayuda de Manuel Marín y Antonio Esteve Arquitectos le dieron forma al interiorismo soñado.

El resultado es una vivienda moderna y alegre de cuatro plantas casi diáfanas y llenas de luz gracias a la inteligente distribución de los espacios, las salidas al exterior en ambos lados de la casa y una buena elección de los colores y los materiales. El suelo, un pavimento continuo de magnesita, y las paredes blancas sin ornamentos sirven de contenedor a unos muebles que combinan diseño, antigüedad, herencia y objetos traídos de viajes, además de obras de arte y piezas de coleccionista.

Patio

En la reforma se conservaron los dos patios: uno hace de antesala y el otro es un remanso de paz o juegos, según se necesite, con una alberca y una zona de estar bajo dos arces. Otro de los aciertos fue optar por pocas habitaciones en cada planta y eliminar tabiques. Aquí todo está pensado para lograr un hogar contemporáneo, donde la luz invada cada espacio y donde uno puede soñar que está en cualquier relajante rincón del mundo sin salir de Madrid.

Estilismo: Luca Lapetra y Leticia Peironcely