Lejos ha quedado eso de montarte el dormitorio con todos los muebles a conjunto, encargados en la misma tienda, para seguir una línea común con todas las piezas, habitualmente de un estilo bastante neutro por aquello de ser un espacio dedicado al descanso.

Ahora lo que más gusta es mezclar estilos, muebles de diversas procedencias, jugando con las combinaciones de colores, texturas y tamaños. Buscamos que el dormitorio nos enamore… ¡incluso mientras dormimos!

Y dentro de esta manera de entender la decoración del dormitorio, hay una pieza que destaca sobre las demás –con permiso de las mesitas de noche– y es el cabecero. Hay quien busca ese punto de sofisticación, de querer llamar la atención, de aportar personalidad al espacio, y ese rol se lo asignan al cabecero; el resto de piezas pasan ya a un segundo plano.

Ideas para cabeceros de cama. Kenay Home

El material más utilizado para el cabecero es la madera, por sus connotaciones cálidas y acogedoras. Los hay en acabado natural, sin tratar, lacado, tapizado, decapado, pintado, con dibujos… pero sobre todo es el material que más se usa para los trabajos de Do It Yourself mediante la unión de listones, usando puertas recicladas o incluso con los recurrentes palets recuperados. Los acabados y diseños pueden ser de lo más variopintos y originales y existen muchas webs donde te enseñan cómo hacerlo.

Pero para gustos, los cabeceros. Los hay hechos con todo tipo de materiales: textiles, conchas marinas, forja, mimbre, libros, collage de fotografías, troncos, con estanterías, vinilos, de obra, con un biombo… Y lo mejor de todo es que gracias a que se trata de una pieza individual, y en algunos casos según el material y tamaño, puedes cambiarla cuando quieras y sentir que estrenas dormitorio.