Tal y como sucede en el mundo de la moda, en el del interiorismo menos es más, pero demasiado poco se suele quedarse corto. El albañil y el pintor solventaron no sin ciertas dificultades el suelo y la pintura, aunque el tono vainilla y las formas geométricas lilas horrorizaron al jurado. La elección del cabecero y el resto de mobiliario fueron un sinsentido, así como la ropa de cama y los cojines. La ausencia total de iluminación y la desacertada integración de la rueda remataron una estancia para el olvido.

Raúl y Chano

A favor

  • Sus deseos por continuar en el programa se contagia, pero esta primera prueba de expulsión denota las carencias.
  • Controlan el trabajo técnico y pintan y colocan el suelo en un periquete, aunque deben cuidar más los remates.
  • Escuchan y preguntan al cliente tratando de encontrar claves, pese a que en el resultado no se refleje.
  • Raúl lleva la voz cantante y Chano ejecuta, pero cuando los nervios pueden con el albañil el equilibrio se rompe.

En contra

  • Optaron por el vainilla y lila para las paredes, con una composición para la pared del cabecero muy masculina.
  • La elección de los muebles fue un carrusel de decisiones sin un común denominador. No todo vale ni concuerda.
  • La integración de la rueda no solo no aportaba nada, además resulto ser un riesgo para la integridad física del cliente.
  • Se olvidaron por completo de lo importante que es iluminar y su set quedo totalmente plano y anodino.