Fue entrar en este piso de los años 80 y rendirse a sus posibilidades. Su visión como profesional de la construcción no le defraudó, aún sabiendo que la gran superficie estaba excesivamente compartimentada y que no se le había hecho ninguna mejora en todo este tiempo. La demolición completa sacó a la luz todo el potencial que muestra.

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El primer paso consistió en llevar a cabo un cambio radical en la distribución de espacios, así como sustituir todos los parámetros y ventanas con el objetivo de lograr una vivienda diáfana y muy luminosa, con espacios bien comunicados y funcionales para disfrutar todos los miembros de la familia juntos.

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El foco principal de esta reforma se centra en la estancia más social que aúna salón, comedor y cocina, visualmente conectados gracias a las cristaleras de hierro. Entre los distintos ambientes destaca la zona de trabajo y librería con un gran cubo de madera que sirve como mirador y rincón de lectura, diseñado por la propia arquitecta.

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La cocina, firmada por Santos, disfruta de una gran luminosidad y, si así se desea, de independencia gracias a las puertas de cristal que, a su vez, permiten divisar el salón. Un pequeño comedor de diario y una zona de juegos complementan esta estancia caracterizada por materiales resistentes, como el suelo laminado de color roble que se puede limpiar fácilmente.

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Los colores neutros con pinceladas en rosas, amarillos y verdes pastel marcan el cromatismo del dormitorio infantil resaltando sobre el mobiliario blanco. La agradable calidez de esta estancia la pone la alfombra y los textiles, entre los que destaca el divertido dosel en tono piedra que hay sobre la cama.

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Como bien dice la autora de la reforma, la vivienda se interpreta como “un continente blanco y luminoso salpicado por papeles pintados de Arte Wallpaper, Milton & King o Leroy Merlin que dan personalidad a las estancias”. Un elemento decorativo por el que Mónica no oculta su predilección y que viste la pared principal de su dormitorio pero también del recibidor, la cocina, la habitación infantil y hasta el cuarto de la colada.

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Los baños también han tenido su protagonismo en reforma. El de los niños combina el azulejo blanco a media altura -muy práctico cuando hay peques en casa- con el suelo de mosaico de Hisbalit con efectos geométricos. En las paredes, cuadros infantiles de animales recuerdan quienes son los usuarios habituales de este espacio.

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Por su parte, el baño principal ofrece una imagen más sobria, con una relajante paleta de colores neutra que se potencia con la luz natural que recibe y que contrasta con la elección en negro de las griferías, los herrajes y las lámparas colgantes. Para la ducha se ha optado por un revestimiento de mármol Carrara, tan de tendencia.

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El resultado de la reforma de esta vivienda madrileña pensada para una familia muestra que el buen gusto y el diseño no tienen por qué estar reñidos con la funcionalidad y el presupuesto. Los ejemplos están en la combinación de piezas de colección junto a otras más asequibles y prácticas.

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Fotografía: Clara B Martín