Jonathan y Javi aprovecharon las caprichosas formas de los espejos dorados (Lola Home) para integrar la rueda – lacada de la misma tonalidad– en una composición que rodeaba el cabecero y, además, armonizaba con la lámpara de la mesa de noche. El téxtil de cama, cuya gama de colores contrastaba con el color de la pared y el suelo. 

Segunda prueba de expulsión para los interioristas de Elche, una ventaja frente a los gemelos y los de Cádiz, que debutan en el examen más temido por los peones. Si hubo una pareja que podía ponerles contra las cuerdas, era la formada por las Nastis, con las que acababan de tener sus más y sus menos en la lucha por equipos en Gormaz, donde se reflejaron su disparidad de criterios a la hora de decorar las estancias. Jonathan y Javier demostraron tener cierto recorrido en esta fase de la competición, sin embargo la decisión del jurado de reducir el tiempo de ejecución a cuatro horas fue un hándicap también para ellos. Sin embargo, desde que el cronómetro se puso en marcha se les vio concentrados y con la idea de su propuesta bastante clara.

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Antes de revestir con pintura las superficies verticales, los jóvenes tomaron medidas para crear cuatro figuras geométricas en la pared opuesta al cabecero de la cama. Las dos tonalidades elegidas, en colores tierra, fusionó con la moqueta clara, aunque en algunas zonas los acabados no fueran los esperados por los jueces. Hubo detalles acertados y otros menos oportunos. Carmen Lomana, la cliente real, les dio algunas pistas técnicas como los tonos suaves, que trataron de seguir a rajatabla, y otras relacionadas con su costumbre como desayunar y leer en la cama, de los que los peones también tomaron buena nota. No obstante, el falseo de las sábanas no pasó inadvertido para la empresaria ni para Tomás Alía, que le reprochó no haber hecho vestido la cama de verdad, así como el toque de atención de Carolina Castedo sobre el buen uso del decorado: "El cliente tiene un presupuesto limitado, cómo se nota que no pagáis vosotros". A dos horas del final de la prueba, el programa introdujo una dificultad añadida para medir el grado de creatividad de las parejas: integrar en su proyecto el chasis de una rueda de bicicleta. Jonathan y Javier supieron darle la vuelta y ejecutarlo incorporándola a la composición de espejos, una elección apreciada por la terna de jueces en el veredicto final. 

Jonathan y Javier

Claves del espacio

1. Escuchar al cliente

Pepe Leal valoró mucho en el veredicto final que Jonathan y Javier escucharan las demandas de Carmen Lomana. El detalle del libro en la mesita de noche y que colocaran una bandeja para desayunar en la cama, algo que chifla a la invitada, fueron claves en su triunfo.

2. Integrar la rueda

Una de las dificultades añadidas de la prueba de expulsión fue la integración del chasis de una rueda de bicicleta. Los de Elche lo resolvieron satisfactoriamente al colgarla en la pared del cabecero junto a una composición de espejos.

3. Colores suaves

Carmen no es de grandes extridencias y prefiere los colores claros y nada de papeles pintados con colores o formas muy llamativas. Por ese motivo, la elección de una pintura en tono tierra, que complementaba con la moqueta clara, fue bienvenida tanto por la invitada como por los jueces.

4. Espacio sin atiborrar

Tampoco abusaron del mobiliario y dejaron espacio para que el cliente tuviera cierta mobilidad. Eso sí, el visillo blanco no estuvo entre los grandes aciertos y también se echó en falta un tocador de mesa debajo del espejo, que podrían haber colgado en vez de dejarlo